Reseña A Moon Shaped Pool

[publicado originalmente en rockenon.com]

En su noveno trabajo de estudio, los de Oxford siguen expandiendo su paleta sonora. En contraste con la fuerte experimentación electrónica que marcó su anterior trabajo – The King of Limbs (2011) – esta vez Radiohead eligió apostar fuerte a la orquestación y las cuerdas, que aparecen a lo largo del trabajo cumpliendo diferentes roles. En “Burn the Witch” – tema que abre el disco y primer corte – sirven como columna vertebral y marcan un pulso bestial; en la despojada “Glass Eyes”, hacen de andamio para la frágil voz de Yorke; y en los sublimes cierres de “The Numbers” y “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief”, elevan al oyente a otro plano.
Pero a la par de las cuerdas, en A Moon Shaped Pool también hay lugar para un poco de kraut – en el hipnótico “Ful Stop” –, una pizca de bossanova en “Present Tense” y una dosis de folk con guitarras acústicas, como en “Desert Island Disk”.
La intención de mezclar tecnologías antiguas con nuevas – adelantada por Jonny Greenwood en algunas entrevistas – salta al oído desde la primera reproducción, al igual que la sensación de escuchar elementos de los trabajos solistas que Yorke, Greenwood y Selway lanzaron en los últimos años.
Una de las grandes sorpresas en el tracklist – además del hecho de que esté en orden alfabético – es la aparición como cierre de “True Love Waits”, un tema que forma parte del repertorio de la banda desde 1995. A diferencia de la versión que corona el EP en vivo I Might Be Wrong de 2001, la versión de estudio del tema es un asunto frágil, creando un contexto en el que el título suena más a lamento que a afirmación.
Quizá una definición muy acertada para el noveno trabajo de Radiohead sea “precisión técnica”, ya que ni el más mínimo arreglo – que abundan a lo largo del álbum – está librado al azar; pero esta reducción simplista ignora el sentimiento que transmiten las once canciones del trabajo. Oscuro por momentos, cálido en otros, A Moon Shaped Pool es mucho más que un fino trabajo de ingeniería: cada canción es un mundo en sí mismo delineado hasta el detalle pero sin exuberancia. Quizá por eso se tomaron cinco años para volver.

Calificación: 9.5

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