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Por qué el futuro es lo clásico

El austero guitarrista de Radiohead se está forjando una identidad paralela como compositor de música clásica contemporánea.

12e644ba-fbb3-11e3-_722211cJonny Greenwood, sentado en un jardín apartado de un restaurante en el norte de Oxford, luce ansioso. “Como guitarrista me siento un poco como un fraude, como si estuviera fingiendo”, nos comenta mientras se acomoda su característico flequillo ladeado (que no pierde el brillo luego de tantos años). “Si fuera y tocara la guitarra con otra banda, la gente notaría lo que estoy haciendo en realidad. No me tomen a mal, disfruto mucho lo que hago. Pero es muy limitante. No estoy guardándome nada. No tengo tantas habilidades”.

Greenwood enfatiza que esto no se trata de falsa modestia (“algo que odio”). Muy probablemente es una reacción a la compañía que frecuenta últimamente. Sin embargo, el hombre que hace no mucho la revista Spin nombró como el 29no mejor guitarrista de todos los tiempos, es tan educado y humilde que es difícil lograr que acepte el crédito por algo.

Greenwood – hermano menor del bajista de Radiohead, Colin – se ha ido forjando a lo largo de los últimos años una identidad paralela como compositor de música clásica contemporánea. En 2004 fue nombrado compositor residente de la Orquesta de la BBC. La serie de piezas que compuso desde entonces – la mística y suntuosa Smear; el zumbido de abejas característico de Popcorn Superhet Receiver (que fue galardonado con el Premio de los Oyentes de la Radio 3 en los BBC British Composer Awards en 2006) – dejaron claro que no se trataba de un intento amateur de una estrella pop permitido por la BBC. La pieza más reciente de Greenwood, Water (una pieza para piano, cuerdas y tambura), será estrenada mundialmente en Dublin en Octubre, antes de que la Australian Chamber Orchestra, dirigida por Richard Tognetti, lo lleve a Londres y Birmingham. Antes de eso, este viernes, Greenwood se presentará con London Sinfonietta en Glastonbury, donde interpretará Electric Counterpoint de Steve Reich.

Greenwood acepta la turbia historia de las estrellas de rock adentrándose en la música clásica, haciendo notar que la “música clásica” en este contexto simplemente denota un tipo de música romántica sinfónica compuesta por última vez en 1880. “Sin embargo,” se rie, “no puedo hablar. Mis ideas terminan en 1960 así que podríamos decir que estoy fuera de moda por 50 años”. Hay un poco de verdad en esto pero, aun así, una pieza como 48 responses to Polymorphia de Greenwood no está en la misma linea de, por dar un ejemplo, Liverpool Oratorio de Paul McCartney. Una mejor comparación – aunque no muy útil, ya que difieren mucho musicalmente – sería Frank Zappa, quien para el momento de su muerte en 1993 era aclamado por piezas como The Yellow Shark, junto a John Cage y Karlheinz Stockhausen.

Donde si es válida la comparación es en el hecho de que, como Zappa, Greenwood ha sido adoptado por un ambiente corrosivo que disfruta devorar a los mejores compositores. Es este mundo, la celebridad de Greenwood cuenta poco. Los músicos de orquesta no se obnubilan con estrellas pop, al punto de considerarlos casi idiotas funcionales – fuentes de trabajo como músicos sesionistas que deben realizar para incrementar sus escasos ingresos.

En este mundo, la fama de Greenwood puede, tranquilamente, jugarle en contra. Sin embargo, es tomado en serio y tenido en cuenta tanto como compositores establecidos como Mica Levi o Edmund Finnis, quienes se mueven entre varios géneros confortablemente sin ser considerados crossovers, ya que tienen el talento para diferenciar cuándo hacen música para cuartos, salas de baile o salas de concierto.

El hecho de que Greenwood tenga esta habilidad no es una sorpresa si conoces Radiohead. La amplia paleta sonora que los ha convertido en la banda de rock más consistentemente interesante en los últimos 20 años refleja la fascinación de Greenwood con las afinaciones microtonales y la instrumentación excéntrica, como el Ondes Martenot (un instrumento electrónico similar al theremín adorado por Messiaen). Su amor por compositores de comienzos y mediados del siglo XX como Messiaen, György Ligeti y especialmente Krysztof Penderecki se torna aparente en las escalofriantes y frías cuerdas de “How to Disappear Completely” en el álbum Kid A de Radiohead y los etéreos arreglos de fliscornio en “Bloom” (de su álbum más reciente, The King of Limbs, 2011).

En 2007, el trabajo solista de Greenwood encontró una audiencia más grande al componer la música de There Will be Blood, de Paul Thomas Anderson. Desde entonces, ha compuesto música para otras películas, incluyendo dos más de Anderson (The Master de 2012 y la adaptación del libro de Thomas Pynchon, Inherent Vice, aun por ser estrenada). La epifanía con la música clásica de Greenwood se dio en la escuela Independiente de Abingdon, donde todos los miembros de Radiohead asistieron, en el momento en que su profesor puso una grabación de Messiaen durante una clase. Pero nunca hizo una distinción en sus hábitos como oyente entre rock, jazz o clásico. “Cuando era adolescente, conectaba de manera bastante consciente todo lo que me gustaba. Pensaba en mis álbumes favoritos como mis favoritos sin importar quién los haya compuesto o cómo los grabaron. Por eso, no me asustaba emularlos, sin importar qué tan lejos de mi capacidad estuvieran. ¿Por qué no pensar en ellos como la misma cosa?”. Se detiene, y luego contesta su propia pregunta. “De hecho, creo que mucha gente lo hace. Lo que me gusta de salir de gira es que cuando te hospedas en hoteles, puedes ver las bibliotecas de iTunes de otros huéspedes. Ves a Metallica, Dolly Parton, Coldplay … todas estas cosas diferentes mezcladas”.

Greenwood viajó a Australia por una residencia de 3 meses con la ACO y Tognetti, y trabajó de cerca en la composición con el conjunto, algo que recuerda como “un sueño cumplido”.
“El plan era escribir algo basado en un poema de Clive James, porque adoro su poesía, pero sentí que estaba forzando algo por lo que, a fin de cuentas, no pude hacer que la pieza quede tan australiana como hubiera querido”. Greenwood se autodenomina un ejecutor “semi-semi competente” de cuerdas, pero, en realidad es así como cualquiera se sentiría luego de pasar 3 meses con los virtuosos de la ACO. De hecho, él tocaba la viola en la Orquesta Juvenil de Thames Vale y estudió música durante la secundaria, aunque luego abandonó su carrera universitaria en Música y Psicología cuando Radiohead fue fichado por EMI en 1991. A diferencia de muchos músicos de rock, él puede leer y escribir partituras, aunque generalmente pide ayuda al conductor y arreglista Robert Ziegler: “cuando se lo muestro a Robert, él me dice ‘es demasiado alto para una trompeta’. Mi formación musical formal se detuvo cuando dejé la universidad”. Hablamos sobre el pianista Glenn Gould (que apuntaba a niveles extravagantes de perfección en sus grabaciones de estudio y creía que las presentaciones en vivo (a las que odiaba) serían redundantes en el siglo XX. Greenwood, en contrapartida y a pesar de ser un programador competente y escribir todo el software que Radiohead usa en el estudio, ha desarrollado una desconfianza hacia la música grabada y es un ardiente evangelista de la música en vivo: “la música ha sido degradada por su omnipresencia. Ya no es necesario que la busques; es como un río desbordado. Y es por eso que es tan inmediato y poderoso escuchar, por ejemplo, un cuarteto de cuerdas tocar en vivo”.
“La música clásica se siente muy moderna para mi por alguna razón, aunque los instrumentos sean antiguos. Casi todos los músicos que conozco son muy humildes a pesar de ser muy calificados y han dedicado gran parte e sus vidas a sonar de la manera en que suenan. Cuando veo a alguien fuera de Abbey Road cargando un estuche de un cello, creo que son geniales. Después veo alguien cargando una guitarra y pienso …. ” Se desconecta, desdeñando su indiferencia.

Los fanáticos preocupados por que el éxito de las actividades extracurriculares de Greenwood lo hayan alejado de sus compromisos con Radiohead, no teman. El año sabático de la banda está pronto a terminar y están a punto de reencontrarse para discutir su próximo álbum. “Simplemente necesitamos reunirnos, pasar tiempo juntos y hablar. Nos hemos visto, individualmente, a lo largo del año, pero no todos juntos”. ¿Hay un plan? Contesta que no, riendo. “Todavía sentimos que no sabemos qué estamos haciendo en realidad. Y eso lo hace divertido, supongo”.

Publicado originalmente por The London Times – 25.06.2014 – Texto original por John O’Connel

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