Un vistazo al proceso de A Moon Shaped Pool

Dejamos a continuación solo algunos fragmentos que traducimos – por falta de tiempo – del artículo que Adam Thorpe publicó en The Times Literary Supplement en el que comenta una visita al estudio Le Fabrique, en Francia, que Radiohead usó para grabar A Moon Shaped Pool, en la que Colin le dio una mirada interior al proceso de grabación.

(c) Adam Thorpe

Lo que entendí por medio de Colin es que Radiohead logra su música a través de una especie de persistencia obsesiva, basada en gran parte en la prueba y error. Años atrás, Colin me hizo escuchar una grabación del resultado de una exploración en su estudio de Oxford; una mera maqueta. Y me pregunté como era posible que esos ritmos y acordes se convirtieran en uno de los temas más intrincados, atrapantes y excéntricamente originales, surcado por la brillante voz de Yorke (frecuentemente alcanzando un falsetto cristalino), que ha llevado a Radiohead de ser una banda de secundaria a una de las más creativas.

El estudio en si mismo es extraño: un número de cuartos iluminados por el sol con alfombras antiguas, chimeneas ornamentadas y elegantes muebles de época, decorados con libros en bibliotecas de madera e invadidos por equipos de grabación (…). Un pizarrón muestra una lista de canciones escritas con marcador negro, comenzando por “Daydreaming” y terminando con “Burn the Witch”. “Spectre” está en el medio, un poco separado. Colin me muestra la consola principal, una gran superficie con perillas, reguladores y botones. “Esta es una Neve 88 R, de 72 canales, hecha en Burnley. Cuesta 100 mil. Es análoga, como este Studer de rollo a rollo, pero también usamos digital. Todo se reduce a loops y capas”.

Los parlantes del establo están conectados al estudio de grabación: el artista residente Stanley Donwood reacciona en acrílico a lo que escucha, y luego el resultado se manipula en una computadora para crear el arte de tapa.

Le pregunto a Colin si está satisfecho con el proceso hasta ahora: las expectativas son enormes después de cinco años. “No puedo hablar mucho al respecto, porque a Nigel le gusta guardar el secreto de nuestro proceso, pero me gusta mucho. Es hermosamente lírico en partes. Hay una con una secuencia directa de acordes (…)”. Le pregunto si son perfeccionistas y me responde que no cree. “No podríamos lanzar nada si lo fuéramos. Y a todos nos gustan diferentes cosas”.

De vuelta en el estudio, los jóvenes técnicos están chequeando todo. Jonny, siempre acivo, está sentado en una silla agachado sobre una máquina de sonido casera (con pequeños martillos que golpean objetos) y su laptop, y Ed lo está escuchando frente a una fila de guitarras. Jonny establece un ritmo, en parte calipso y en parte reggae, con sus envases de yogur, envases, campanas y mini pandereta. “Suena un poco a Marvin Gaye”, comenta Ed.

Teniendo en cuenta el valor de los equipos, tenemos en frente una banda que ha vuelto a golpear cosas en su cuarto: quizá esto sea el corazón de esta imaginación fértil (…).

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