28 de febrero de 2026

Ph: Jonny Greenwood por Samir Hussein

Jonny Greenwood claramente está ansioso por nuestra reunión. Acordamos encontrarnos en un pub cerca de la estación de Oxford, pero mientras camino por las interminables calles de la ciudad, una figura familiar camina en mi dirección, con su característico cabello flotando en el aire. «El pub no es una buena idea», dice tristemente. «Conozco un café tranquilo».
Y así es que discutimos, acompañados por té de hierbas, el vasto material orquestal que Greenwood, 54, me envió por email una hora atrás y que la Orquesta Hallé estará estrenando en Manchester este mes. «Terminé ayer», dice con orgullo y alivio. Ambos sentimientos son comprensibles. Ahora simplemente llamado Concierto para Violín, el material nació en 2019 y recibió un título más dramático – Horror Vacui, literalmente, «miedo al vacío». Ciertamente, no había espacios vacíos en la composición de Greenwood. Había escrito la pieza para un violín solista y 68 cuerdas, todas con sus propias partituras – algo que produce grupos densos de tonos que recuerdan al compositor avantgarde y héroe de Greenwood, Krzysztof Penderecki. «Sentí que las Proms eran mayormente un taller porque no había tiempo entre el ensayo y el concierto para hacer ajustes», dice, «así que volví sobre el material y comencé de nuevo. Decidí que iba a tomarme un año para reescribirlo y ver que pasaba».

Tres cosas me sorprenden del material que me envió. Primero – y mayormente notorio en los momentos que el violín solista (Daniel Pioro) está al frente de un pasaje que es como un contrapunto – Greenwood utilizó la escala cromática; todos los 12 semitonos están repetidos en un orden estricto, ya sea invertidos o en reversa, y es una técnica de composición presentada por Arnold Schoenberg. «Si, siguiendo las últimas tendencias en música clásica … solo 100 años anticuada». Lo segundo es que a veces el director recibe la orden de mover el batón haciendo un barrido lento horizontal; a medida que el batón apunta a músico específicos, ellos comienzan a tocar. «Quería escapar de la rigidez de la barra de compás, pero también quería darle al director espacio para ser más musical – que no solo marque el tiempo sino que también trate a la orquesta como un instrumento».
Lo tercero es que Greenwood dice que cuando compuso la pieza original tenía los nombres de los 68 músicos en la pared frente a él. «Siempre siento que no estoy escribiendo para una orquesta, sino sobre la orquesta. Me inspira hablar con músicos de orquesta. Son individuos; todos tienen personalidades».

El Greenwood adolescente era un músico de orquesta. «Si, en la parte de las violas de la Orquesta Juvenil Thames Vale, temeroso del momento en el que el director pregunte si podemos escuchar a las violas solamente». También tomó clases avanzadas de música en Abingdon, la escuela independiente en Oxfordshire donde los miembros de Radiohead se conocieron. «Aprendí a armonizar corales de Bach y ha sido muy útil», dice.
Luego comenzó un curso de música en lo que era Oxford Poly. No duró mucho; unas semanas después de comenzar sus estudios, la banda firmó un contrato con EMI y así terminaron los días como estudiante de Greenwood – oficialmente, al menos. En realidad, nunca dejó de absorber influencias musicales, pop y clásicas, y todavía lo hace. «Siento que tuve más experiencias con músicos de orquesta en los comienzos con Radiohead que si hubiera seguido mis estudios. Trajimos músicos de cuerda a nuestras sesiones y yo solía escribirles cosas en papel para que toquen; me halagaron y me dieron muchos consejos que me hicieron pensar que no debería tenerle miedo a esto», dice.

Desde su adolescencia, lo atraen las composiciones apocalípticas de Penderecki y los modos complejos y estáticos e Messiaen, y todavía está enamorado de la música francesa del siglo 20. «Amo la música para cuerdas de Henri Dutilleux; [es] tan hermosa. Todavía exploro las armonías. He estado tratando de comprender las sextas napolitanas. Creo que siempre pendulo entre el consejo de Bowie de tratar de salir de tu zona de confort – porque es entonces cuando compones tus mejores obras – y la frase de Clint Eastwood en Dirty Harry: ‘un hombre debe conocer sus limitaciones'».
¿Cuáles son sus limitaciones? «siento que estoy atrapado en la mentalidad de la música pop; todas mis ideas parecen tener una duración natural de tres o cuatro minutos, y me resulta muy difícil expandirlas. Creo que es porque crecí en una época en la que si escribes algo de más de cuatro minutos, te preocupa convertirte en Genesis y terminar cantando sobre unicornios».

La principal válvula de escape para la creatividad orquestal de Greenwood ha sido la música para películas, particularmente las de Paul Thomas Anderson. Hasta el momento, han colaborado seis de los intensos dramas psicológicos del director americano – desde There Will Be Blood de 2007 hasta la más reciente, One Battle after Another. Lo que más me gusta es el comienzo del proceso, cuando hablas con el director sobre los temas que subyacen y cómo la música puede amplificarlos – qué instrumentación y estilo, y cosas así», dice Greenwood. «Te sientes como en una tienda de dulces: puedes elegir lo que quieras, e ir en cualquier dirección. Es una pena, de cierta forma, cuando el proyecto toma forma y la música queda fija».
¿Se siente, en palabras de John Williams, que el compositor para películas es una especie de urraca, picoteando estilos a lo largo de la historia musical que sirvan a los propósitos de la película? «Pues, ciertamente me cruzo con gente muy exitosa desde lo creativo que parece tener conocimiento enciclopédico sobre su area», comenta. «Paul es así; ha visto miles de películas y las analizó todas. Y eso alimenta su propia creatividad».
¿No es eso algo similar a decir que no hay nuevas ideas en el arte, solo nuevas formas de reorganizar ideas viejas? «Pues, tenía un profesor en la escuela que decía que robar ideas de una o dos personas es plagio, pero si lo robas de tres o más, es inspiración. Es un buen consejo, me parece».

¿Qué tan específico es Anderson con la música que busca? «Viene y me dice cosas como ‘esta es una gran escena de aventura así que necesitamos cuerdas bien cojonudas aquí’. La pesadilla es cuando usa alguna pieza genial de música como referencia temporal y después quiere que escribas algo similar a eso. Recuerdo que con There Will Be Blood, usó parte del Concierto de Violín de Brahms. Acordamos que quizá no sería bueno imitar eso y entonces usamos el original en la película».

Toda su trabajo para películas y orquestas se puso en pausa el año pasado, cuando Radiohead se reunió después de una pausa de siete años para una serie de conciertos en Europa. ¿Se sintió Jonny como volviendo a una encarnación previa de si mismo? «Fue genial volver a tocar canciones que siempre sentimos eran buenas y ver que la gente ahora está de acuerdo con nosotros. Y fue muy lindo volver a tocar con y escuchar a Thom. Pero me pareció raro no tocar nada nuevo en esta gira. Creo que todos estamos con otros proyectos musicales y es ahí donde ponemos la energía creativa ahora», dice.
Entonces, ¿no hay chances de un nuevo álbum de Radiohead? «No tengo idea. O sea, me sorprende que hayamos hecho una gira y que la hayamos disfrutado tanto. Pero los recintos se reservan con mucha antelación. Si queremos salir nuevamente, tendríamos que decidir ahora, y aun así, recién sucedería 18 meses después».

La gira tuvo su dosis de controversia. Activistas pro-Palestina llamaron a un boycott, dando como referencia un concierto de Radiohead en Israel en 2017. Greenwood particularmente, tiene lazos profundos con el país; su esposa, la artista israelí Sharona Katan y su sobrino, parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes, cayó en la Guerra de Gaza. También se ha presentado en vivo con el cantante israelí Dudu Tassa en Israel y tenían planeados shows en el Reino Unido, que debieron ser cancelados por amenazas. «Es muy difícil hablar de esto, pero creo que la música y el arte deberían estar por encima de la política. Hice un álbum con músicos israelíes, iraquíes, sirios y egipcios; si se supone que deje de trabajar con músicos porque no estoy de acuerdo con sus gobiernos, entonces no trabajaría con ninguno de ellos. El hecho es que lo que nos define como músicos no es nuestra nacionalidad. Pero eso es algo que no parece ser comprendido».

Más allá de ese conflicto, la vida de Greenwood parece feliz. Divide su tiempo entre las casas familiares de Oxford y Le Marche, en Italia, donde explora iglesias antiguas y sus órganos. «Algunos tienen teclas negras dobles, por lo que Fa sostenido y Sol son de hecho tonos diferentes», dice. También ha establecido un negocio de aceite de oliva en una granja llamada Shufra di Shufra, de la que habla con tanta pasión como de las sextas napolitanas y los cuartetos de cuerdas de Dutilleux. Y los premios no paran de llegar. La música que compuso para One Battle After Another está nominada para el Oscar, en lo que es su tercera nominación. ¿Asistirá? «Fui la última vez y me llamaron a un costado y me dijeron ‘tenemos algo para vos’; esperaba una bolsa con regalos. Me dieron un chocolate con la forma del Oscar».

Publicado originalmente por The Times

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