Thom Yorke: “Lo que aprendí” – artículo en Esquire de Marzo

El número de Marzo 2013 de la revista Esquire tiene un artículo llamado Lo que aprendí con Thom Yorke. El contenido data de Diciembre de 2012. Gracias a CitizenInsane.eu por la transcripción del artículo.

Si vas a ser vegetariano, te tienen que realmente gustar las lentejas. Sino, estás fregado

Todas las paredes son buenas mientras el techo no caiga.

Mi papá me enseñó a siempre esperar que alguien venga en sentido contrario directo hacia mí. Debía asumir que así sería siempre. Me enseñó a sospechar de todo el mundo, a no confiar. Creo que exageró un poco cuando era niño. Tuve que desaprender eso.

Es mucho mejor intentar confiar en la gente hasta que te demuestren lo contrario.

Comencé a cantar solo porque no encontraba nadie más que lo haga. Todos a los que se los pedía eran unos idiotas.

Veinte mil personas pueden parecer una multitud, pero lo que es realmente interesante es como puedes subirte al escenario y en diez minutos sentir cuál es su onda.

Cuando salimos de gira con R.E.M., había shows en los que tocabamos mientras la gente ordenaba pollo para cenar … eso me hizo enloquecer un poco.

Estuve internado mucho tiempo cuando era niño porque nací con el ojo izquierdo cerrado y los médicos tenían que tomar músculos de mi trasero y trabajarlo para crear un músculo que pudiera abrir el párpado. Sufrí cuatro o cinco operaciones, desde que era muy pequeño. Creo que comencé a quejarme cuando tenía cinco años. Mis padres decían “tienes que hacerlo … si vas te compramos lo que quieras, ¿OK? ¿Qué quieres?”. Les dije que quería un equipo deportivo rojo. Y me lo compraron, el pantalón y la campera, y yo estaba feliz de volver al hospital aunque sabía que tenían que ponerme anestesia general, luego despertaría y vomitaría por todos lados. Amaba ese conjunto deportivo rojo. Lo usé hasta que fue demasiado chico y me veía ridículo.

Respeto es cuando estás discutiendo sobre política con alguien y, justo antes de levantarte y llamarlo fascista, de alguna forma te alejas y te preguntas cómo es posible que hayan terminado con tal grado de ignorancia y estupidez.

Cuando era estudiante, el banco solía cortarme la tarjeta de crédito todo el tiempo. Siempre me rebotaban los cheques. Me la pasaba hablando por teléfono con el banco. El día después de firmar el contrato discográfico fue muy gratificante ya que fui y pagué todas mis deudas. El banquero se levantó para estrechar mi mano y le dije que se fuera al diablo. ¿Cómo reaccionó? Creo que estaba acostumbrado.

Siempre que voy al cajero automático y me pregunta cuánto dinero quiero, le digo “Dame lo máximo que puedas”.

Suelo ir a la librería de mi ciudad, agarrar cuatro o cinco libros de poesía, sentarme en el café y los leo un rato. Es como elongar los músculos antes de hacer gimnasia.

Mi abuelo solía venir a nuestra casa de campo, tomaba prestadas nuestras bicicletas y desaparecía. Volvía luego del anochecer y no teníamos idea de dónde había estado. Si se encontraba con alguien, le preguntaba dónde había algún club nocturno bueno. Hizo eso hasta que tuvo noventa.

Ya no siento decepción. Pero siento la presión del tiempo que corre.

El otro día estaba sentado con mi hijo y uno de sus amigos, de once años, y les dije “OK chicos, calculen. Averiguen cuántos segundos les quedan”. Les tomó un momento, pero lo lograron.

Los niños te enseñan a relajarte, lo que me vino bien porque me costaba relajarme en ese momento. Fueron una bendición en ese aspecto.

Creo que lo que enferma a mucha gente es la creencia de que tus pensamientos son concretos y eres responsable por ellos. Cuando en realidad – al menos como yo lo veo – tus pensamientos son lo que el viento trae a tu mente.

Le toma tiempo al público relajarse un lunes a la noche.

Crea huecos en tu vida. Pausas. Pausas en serio.

Conseguir todo lo que quieras no tiene que ver con nada en absoluto.

Si saliéramos al escenario y solo tocáramos los éxitos, creo que me sentiría muy diferente sobre algunas cosas. Pero hacemos cosas nuevas y algunas son bastante complicadas de tocar en vivo. La idea de que veinte mil personas vengan a vernos tocar esta música que es bastante extraña y no suena en la radio … es algo bueno. Nos presentamos en Phoenix y Ed y yo nos miramos al bajar del escenario, como diciendo “¿Viste eso?”.

No puedo imaginarme veinte años en el futuro porque estoy bastante en el presente ahora.

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