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Dentro del mundo de Stanley Donwood

Texto original escrito por Gunseli Yalcinkaya
Publicado por Dazed Digital, el 09.10.2019

El plan era meter sin que se dieran cuenta 12 rollos de césped artifical y un poco de alambre para cercos en un parque nacional de Inglaterra y construir una serie de arbustos ornamentales con forma de pene a lo largo de sus campos más señoriales, o por lo menos esa fue la primera visión que Stanley Donwood, el artista de culto detrás de las cubiertas de Radiohead, imaginó en primer lugar para la cubierta del sexto álbum de la banda, Hail to the Thief.
«Estaba convencido de que había descubierto algún tipo de verdad, como una revelación espiritual», dice mientras sus brazos se elevan cada tanto. «Estaba viajando en un tren y todo se veía chato, a través de un cristal hasta que llegué a una intersección: primero zarzas y alambre de púas, y después vi las nubes intersectando al suelo, y después esta especie de arbusto. Podría ilustrar el hecho de que el cielo y la tierra no son congruentes; sólido y gas, líquido y sólido…». Se detiene de repente. «A veces me preocupa la persona sobre la que estoy escribiendo en este libro porque no creo que sea yo; soy la persona más normal, sensata y cuerda que conozco», bromea antes de volver al tópico original: arbustos con forma de genitales.

El libro en cuestión es There Will Be No Quiet, una colección cronológica de fotografías, sketches y pequeños escritos realizados a lo largo de 23 años de carrera. Su visión, que describe en su momento como un caso de «lucidez trascendental o monomanía demente», es solo una de las varias rutas abandonadas que se adentran en el arte que acompaña los álbumes de Radiohead. Concebido con la idea de que sea un chapuzón sin restricciones en la práctica creativa de este cincuentón, y está dedicado a su mamá que falleció en 2017 – pero en realidad, se siente como un paseo a través del patio de juegos cerebral de Donwood, repleto de centauros que lloran, osos Kid A y frases computacionales escritas en mayúsculas como REVOLUCIÓN DISCORDANTE y CONTROL DE SMOG, todos ellos íconos que han definido el folklore de Radiohead a lo largo de los años.

Al hablar con Donwood (estamos en un espacio de coworking en el centro de Londres, uno de esos lugares con un gimnasio privado y un barista siempre a mano; el tipo de lugar que Thom Yorke satirizaría en sus letras) uno comienza a notar la coherencia en su locura. Los temas de conversación lo atrapan como un niño. Su cerebro, casi como su obra artística, es una sopa de letras no lineal, y se siente cómodo compartiendo sus opiniones tanto sobre Brexit («es como si los adultos se hubieran ido y los chicos se enojaron con los otros después de comer un montón de azúcar», dice) como de Elon Musk («maldito mago tecnológico», se burla) y también del documental de Adam Curtis, Hypernormality.
Describe sus años en la Universidad de Exeter, donde estudió Bellas Artes e Inglés y donde conoció a Thom Yorke, como una forma de retener tus intenciones de niño». Sentimientos que se replican a lo largo de su obra, llena de garabatos infantiles de figuras humanas, diablos, centauros, osos (algunos de ellos llorando), que parecen alejados de la importancia personal del ego adulto. Puedes ver estas figuras yuxtapuestas en imágenes digitales caprichosas, como la de la cubierta de Amnesiac, de 2001, donde evocan la alienación y la desilusión que Radiohead expresa con su música. «Cuando era pequeño, hice todas estas promesas para cuando sea adulto; no iba a aprender a manejar, y no lo hice; también prometí no tener una hipoteca, pero eso si hice. También prometí que no tendría vidrios dobles, y también lo hice», me cuenta. «Básicamente he traicionado mis ideales de niño de tantas formas. Pero sigo haciendo imágenes y escribiendo historias, así que …».

En el prefacio del libro, Thom Yorke describe el momento cuando conoció a Stanley: «él era un hippie que escupía fuego. Yo era un tipo con la cabeza rapada, que tocaba la guitarra y pretendía ser DJ que iba a hacer música». Cuando le pregunto a Donwood qué piensa de Thom, responde susurrando, como en broma «es un erudito musical», y luego agrega «es un bastardo muy discutidor». Cuando le pregunto sobre su relación de trabajo, la compara con el juego de cartas Shithead: «básicamente nadie gana», se rie. «Lo que ocurre es que siempre hago algo brillante y se lo paso a Thom, que caga todo preguntándome ¿qué es eso?. Después me lo devuelve y me pregunta ¿Qué has hecho? y lo tengo que arreglar, pero el la vuelve a cagar. Me va a matar por decir esto». Pero si consideramos que ambos han estado trabajando juntos por 23 años, uno pensaría que ya están acostumbrados.

Pero el éxito exponencial de Radiohead – que nació como una pequeña banda de Oxford y ahora son probablemente la banda de rock más grande que existe – todavía sorprende a Donwood. «Nadie esperaba que esto pase en realidad», me dice. «Me parece un poco surreal que sean famosos. Lo encuentro extraño». Y al hablar con Donwood, uno siente la misma incredulidad sobre sus propios logros. «Quizá debería conseguir un trabajo y dejar de engañarme a mi mismo diciendo que soy artista», y otros parafraseos de la misma idea aparecen a lo largo de todo el libro. En las propias palabras de Donwood, There Will Be No Quiet no es el libro de alguien que «lo logró» (aunque muchos considerarían que si lo hizo) sino una recapitulación de «las cosas que salieron muy mal». Muestran que no se toma muy en serio a sí mismo, y que la duda en las capacidades de uno desaparece al llegar a las ligas mayores.
Para cerrar la conversación, Donwood abre el libro en un dibujo de 1999: un simple garabato de un sandwich que dice «el especial de hoy es sandwich casero de bazo». Pausa. «¿Qué es eso? Es solo una imagen de un sandwich. O sea, qué carajos». Ambos nos reímos. «Honestamente, no sé por qué – ¿qué es un bazo?» Le digo que a veces, cuando comes mal, el bazo puede explotar cuando uno es mayor. «Wow, ¡que desagradable!», se retuerce y usa la misma voz que un niño que acaba de descubrir un gusano en el jardín por primera vez. «No pondrías eso en un sandwich ¿o sí?», dice antes de murmurar «Dios, espero ser suficientemente cool para Dazed & Confused; tengo como 50 años».

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