9 de diciembre de 1995

Thom Yorke (c) Kevin Cummins 1995

Thom Yorke está en el backstage de Nottingham Rock City. Mira a la pared, al piso y suspira. Cuando la agente de prensa se acerca, Yorke mira adelante – con una expresión de descontento total, antes de ver quién venía junto a él: un periodista. Un intruso.

La agente de prensa le pregunta cómo está y él dice estar bien, con los ojos bien abiertos, hombros tensos, las manos colgando a los lados. A lo largo de dos minutos, le cuenta sus problemas y después se va hacia el camarín donde está su novia, todavía nervioso. Una bola de contradicciones; quiere estar aquí pero también quiere estar muy lejos. Quiere estar con su novia, pero también quiere estar solo.

Hablan un momento, y después la novia de Yorke se pierde entre la multitud. Yorke entra a la sala de catering, mira perdido la comida y regresa al camarin. Se sienta por un segundo y nuevamente se levanta y comienza a caminar, sin poder quedarse quieto un minuto.

Tres horas después, Yorke está de nuevo en el camarín pero esta vez sonríe. Notthingham disfrutó del show de esta noche. Le habla a su novia animadamente por un momento, con afecto. No mucho después, ella se va y por un minuto Yorke está de mal humor y refunfuña triste, pero pronto deja la decepción de lado y habla con dos fans que consiguieron pases. Una es de Japón y la ofrece más vodka, pero Yorke se niega. La otra es más tímida y le da un pastel inflable de cumpleaños para Jonny. “¿Dónde conseguiste esto?” le pregunta incrédulo. “Oh, lo encontré en mi casa”, contesta. El cantante sonríe con la gracia de una estrella de rock, deja el pastel en el suelo y le dice que se lo dejará en la puerta del cuarto de Jonny.

Después nuevamente comienza a caminar, amigable, conversador, tomando comida de donde puede. Sonríe todo el tiempo, contento de haber tocado bien, encantado con que el show haya salido bien.

Claramente, este no es el Thom de antes. El Yorke que solía tener ataques de pánico, insultar, ponerse de muy mal humor. La gente a su alrededor no puede creer lo cómodo que está y la confianza que parece tener en sí mismo en este camarín lleno de gente. Dicen que está cambiando; y tienen razón. Ya no se siente limitado por un enorme miedo irracional a fallar y hay momentos en los que realmente disfruta los halagos y la atención, y estar en Radiohead. Cuando se siente satisfecho por un momento. No puede creer completamente dónde llegó y que tan fácil todo parece. Si, Thom Yorke es afortunado y esta noche lo sabe. De verdad.

¿La banda más importante de 1995? tranquilamente podría ser Radiohead. Fue Radiohead quien a fin de cuentas definieron un estilo en lugar de seguirlo; que ha mantenido una distancia saludable de los excesos hedonistas del britpop y se negó a los atracones de cocaína, las adicciones a la heroína tan de moda y la atrevida arrogancia de sus contemporáneos.
Radiohead es una excepción. En 1995, la mayoría de las bandas han buscado refugio en un mundo irreal, en un comportamiento optimista típico ingles sostenido a base de Prozac. Las letras están llenas de falsedades fantásticas y pocos se animaron a reflejar las ideas y derrotas de una generación distante… excepto Radiohead.

Y aunque Yorke habló en todo momento sobre sus problemas internos, fue astuto – a diferencia de Courtney Love, que usó su dolor como elemento de negociación. Yorke describió sus sentimientos con honestidad, elocuencia y dignidad; encontró formas de disfrutar su inestable estilo de vida sin convertirse en un idiota. Y, como el resto de Radiohead, se hizo amigo de la realidad en lugar de vivir en un mundo irreal.

Es por eso que el backstage del Nottingham Rock City es una escena típica. El guitarrista Jonny Greenwood ignora un montón de regalos y tarjetas por su cumpleaños 24 y se retira a su modesto cuarto de hotel. El baterista Philip Selway toma una pequeña bolsa con parte de su batería y se dirige a su casa, donde lo espera su esposa, en Oxford: “cumplo mis horarios”, dice al pasar.
El guitarrista Ed O’Brien se va con su novia, y Colin Greenwood se acomoda en un sofá de tres cuerpos con un vaso grande de Stolichnaya y jugo de arándanos. Pero estoy seguro de que es el único que se ha quedado aquí, rodeado de una botella a medio terminar de vodka y una fila de vasos descartables llenos de colillas de cigarrillos.

En gira, Radiohead parece un viaje escolar de chicos educados; puedes contar con ellos y son tranquilos. Llegan a tiempo y tratan a su personal con respeto. Sus únicos excesos son un poco de vodka y una noche desvelada de vez en cuando. “Estoy seguro de que seríamos mucho más alegres y más salvajes en las fiestas si tomáramos drogas de primera calidad”, dice Greenwood después, “pero probablemente solo podríamos hacerlo por seis meses, que es lo que les pasa a muchas bandas; pero todos son diferentes. Le preguntas a cada miembro y te da una respuesta diferente”.

El giro para Radiohead fue The Bends. Hace doce meses, estaban encerrados en RAK Studios, en el noroeste de Londres, llevándose mal entre ellos, haciendo berrinches y sufriendo ataques de pánico. Ambos hermanos Greenwood, O’Brien y Selway necesitaban un descanso. Yorke insistió en continuar. En Noviembre, resolvieron los conflictos y fueron a México. “Todo salió a la luz”, recuerda Yorke; “todas las razones por las que peleábamos, y creo que – cuando empezamos la banda, cuando éramos chicos, nunca se trató de hacernos amigos o algo así. Tocábamos nuestros instrumentos en nuestros cuartos y queríamos tocar con otra gente y fue una simbiosis. Nunca lo planeamos. Pasaron años de tensiones y de no comunicarnos, y básicamente todo lo que se había comenzado a acumular desde que nos conocimos explotó un día. Nos gritamos, insultamos, peleamos y lloramos al decir todas esas cosas de las que no quieres hablar; pero creo que si no hubiéramos hecho eso … creo que eso cambió completamente lo que hacíamos y pudimos volver y terminar el álbum, y todo tenía sentido”.
“Era algo típico en Radiohead – muchas cosas gestándose”, continúa Ed; “no somos de confrontar con los demás. Muchas cosas comenzaron a mezclarse y básicamente se desbordaron. En el bus durante la gira mexicana, éramos 12 personas exhaustas, en camas cuchetas de entre un metro y medio y dos de largo, en las que no descansabas realmente. Fue ridículo. Era algo en lo que trabajamos durante ocho o nueve años pero nunca habíamos sido completamente honestos con el resto en lo referido a … no me refiero a los lazos; somos amigo y eso, pero quizá debido a tu crianza o la escuela a la que fuiste, te enseñan a no hablar de tus problemas. Lidiamos con ellos por cuenta propia. Es la única forma en la que podés resolverlos”.
“Es una mierda hablar de esto en las entrevistas”, agrega Yorke, “porque para la mayoría de las bandas parece que hay un lado que parece estar completamente formado y listo y es lo que se presenta; tienes algo en qué enfocarte como periodista y es fácil escribir al respecto … y aquí estoy, contando como nos insultábamos, llorábamos y nos tirábamos cosas en México”.

Sin embargo, las peleas en México fueron productivas. De alguna forma, le dieron un nuevo objetivo a Radiohead y – algo más importante – la confianza de Yorke en la banda creció. “Iba a salir, y no lo opuesto ¿entiendes? Creo que es algo en lo que te apoyas. Tengo la teoría ahora de que cualquier cosa que vale la pena es difícil, y si resulta fácil es hora de destrozarla”.

Lo único que Radiohead quiere destrozar ahora son los preconceptos de la prensa y del público. Yorke ya no es un sujeto torturado y lleno de ira – algo que llevó a un diario a describirlo como la estrella de rock más propensa al suicidio. Por supuesto, puede tener mal humor, ser hosco, difícil y solitario, pero ahora al menos se las arregla para balancear muchas características potencialmente destructivas. “Mucha gente se me acerca en la calle y me pide autógrafos”, comenta. “A veces les digo que si, y a veces soy bastante mal educado porque me agarran cuando no soy Thom Yorke de Radiohead, por ejemplo en un restaurant o algo así; ‘No, andate’ es mi respuesta. Pero que la gente venga y me diga ‘nos dijeron que sos difícil, un poco raro, no muy accesible para hablar’; es el momento en el que la gente te habla, cuando vienen y quieren algo de vos, su opinión sobre algo. Y para ser completamente honesto, eso no es lo que buscaba cuando empecé en esto, y me importa un carajo si consigues mi autógrafo o no y preferiría que no me jodas porque si fuera cualquier otro en la calle no lo harías”.

En resumen, Yorke odia muchos aspectos de la fama y es capaz de morder la mano que lo alimenta cuando tiene ganas. Manda al carajo a ejecutivos de negocios para preservar su salud mental y para protegerse a si mismo y a los suyos, rechaza a la prensa por solo interesarse por ellos mismos y no tener un objetivo. “Dejé de leer la prensa cuando dijeron que me iba a matar. Mi novia me llamó muy enojada y me preguntó qué carajos dije. Ahí mismo dejé de leerlos. Fue suficiente para mí…y aunque soy parte de esta industria, quiero ser parte bajo mis condiciones, ¿entiendes?”.

Sin duda, la muerte de Cobain – que tenía una postura similar – y el consiguiente ocaso del grunge han fortalecido la plataforma de Yorke. Es actualmente uno de los más exitosos de una casta de compositores que solo viven en la realidad. De hecho, solo Richey Edwards era el único otro letrista del mainstream británico en una posición similar. “Eso es lo que pasaba cuando salió The Bends”, dice Yorke. “Algunos me advirtieron que meses antes de la desaparición de Richey, antes de la primera vez, me advirtieron que no estaba muy bien, y su comportamiento era un poco …”; la frase queda inconclusa.
Haciendo un balance, prosigue: “creo que básicamente fue la prensa británica la culpable de lo que le pasó a Richey. Punto final. Aunque tengo muchos amigos periodistas, hay algunos que culpo por su colapso mental y siempre verán lo que hacemos con esos ojos”. Nuevamente se detiene, se inclina hacia adelante, pone las manos en su pecho y despacio pero decidido dice “y creo que todavía está vivo”.

Yorke está orgulloso de la gloria valerosa, triste y agónica de The Bends – y con razón. Mientras Oasis cantó sobre supernovas color champán y Supergrass habló de sentirse bien, The Bends describió el aislamiento tortuoso y la desesperanza. Era oscuro y vulnerable; la portada tenía una fotografía tomada en un hospital y las notas interiores tenían dibujos de avestruces con la cabeza enterrada en la tierra. No hacía falta ser psicoanalista para entender el simbolismo.

Sin embargo, emerge en Radiohead ahora un optimismo poco característico. Yorke, amigándose con su estatus de estrella de rock, parece apurado por comenzar a grabar de nuevo. “No sé qué tan buenas son las nuevas canciones”, dice con modestia. “Todavía no hay una decisión”.

El resto de Radiohead y él han decidido, no obstante, no hacer otro álbum como The Bends. No quieren volver a experimentar tanto tormento por un lado, y también han alcanzado cierto nivel donde no tienen por qué hacerlo. En lugar de eso, van a tratar de grabar el próximo a un ritmo más relajado y distendido. Yorke le ha dicho al sello, Parlophone, que quieren un año de plazo para grabar el próximo álbum. Aparentemente, los jefes han aceptado. “Para mi, lo central es que podríamos volver a hacer un álbum moribundo, triste, mórbido y negativo, en cuanto a las letras”, explica, “pero no quiero hacerlo, en lo más mínimo. Y me estoy forzando a escribir cosas positivas que escucho o veo. Pero todavía no logro plasmarlas en la música. No quiero forzarlo porque sino simplemente estaría hablando de las cosas que hacen que la gente diga que somos rock triste. En lo que a mí respecta, The Bends es un poco así porque así nos sentíamos cuando lo grabamos. Y podés decir lo mismo de Automatic For the People de R.E.M. Es un álbum realmente triste.

En lugar de eso, Radiohead grabará canciones como “Lucky”, el tema que se destacó del compilado Help! de Warchild. La idea de donar una canción que Radiohead tocaba todas las noches y los fans amaban aunque no sabían qué era fue de Jonny Greenwood. Sin embargo, Yorke no estaba seguro de la propuesta al comienzo. “No hubo peleas a muerte, insultos por teléfono, o cosas así. Me parece. Sentimos un alivio, como algo que dejas ir y eso es lo que quería lograr. Para mí, ‘Lucky’ es una canción de liberación. Simplemente sucedió; la composición y la grabación. No había tiempo de pensarlo mucho”.

“Creo que estamos aprendiendo a no pensar mucho sobre las cosas”, agrega Colin Greenwood. “Pensar mucho te puede limitar. No sé si has leído la autobiografía de Arthur Miller, Time Bends, pero el análisis puede limitarte, al igual que la duda, pero también te puede traer mucha creatividad, y la articulación de las crisis puede ser algo bueno en sí mismo”.

Pero el cambio de actitud de Radiohead no se debe solamente al enfrentamiento en México. Un factor de igual peso fue la gira con R.E.M. el verano pasado. Funcionó como una válvula de escape del stress, ya que liberaba a Radiohead del peso de ser el artista principal cada noche. Subían al escenario, tocaban 30 minutos y – por los cielos – se divertían.
La relación entre Radiohead y R.E.M. era también mucho más civilizada que cualquier otra desarrollada entre un invitado y un principal – particulamente cuando ambas bandas resultan ser las más grandes del mundo. Cuando Radiohead se sumó a la gira, Michael Stipe habló a solas con Yorke y le dijo que era un gran fan. Socializaron después de los shows, hablaron de sus canciones favoritas – “Drive” de R.EM. Y “High & Dry” de Radiohead – y Stipe le explicó cómo hizo para ser una personalidad pero mantener su integridad.

“Todo lo que uno esperaría se transformó completamente en su cabeza; por ejemplo la idea de que llegas a cierto nivel y cuando lo pierdes, pasas a un segundo plano, o que todo pueda ser amistoso y que no haya recelos ni mezquindades. Sobre el escenario, R.E.M. tocaba canciones propias que juegan con la idea de ser quien sos y que no tienen ilusiones al respecto – o eso parece. Y cuando lo comparaba con mucho de lo que sentíamos cuando estábamos en casa, era muy diferente. Y es muy difícil de comprender”.
R.E.M. destrozó los preconceptos de Radiohead. La exitosa gira los fortaleció. “Muchas veces lo tomábamos como diciendo ‘somos la banda invitada, podemos subir al escenario y actuar como unos idiotas, y mientras peor lo hagamos mejor – y es algo que disfruté hacer por algunos meses. Fue un parate total y realmente abrió las cosas. Me quitó la presión y podía simplemente observar, y eso me ayudó. Una noche me emborraché mucho y comencé a hablar con R.E.M. sobre la fama; Michael me contó que le pasó lo mismo durante la gira de Green, que fue cuando pasaron de ser una banda a ser un fenómeno por primera vez, y él era una superestrella o algo así. Yo no he llegado a ese nivel todavía, y no planeamos tocar en Wembley todavía. Pero es muy curioso…esa idea de que lo que sea que hagas, las 24 horas al día, desde salir a desayunar o salir a la calle, alguien pueda estar mirándote, es algo poco saludable. El culto a la personalidad alrededor de las bandas me parece una tontería. Creo que los 80s hicieron que deje de ser interesante.

Obviamente, la gente quiere saber sobre los que hacen la música, pero llegó a un punto en el que se estaba poniendo pomposo. Por ejemplo, U2 a fines de los 80s, o Madonna; todo fue una extensión del concepto Saatchi y Saatchi de que podés vender cualquier cosa a cualquiera si lo promocionás adecuadamente”.

Entonces ¿te molestaba que los llamen ‘el nuevo U2’ por eso?
“La idea de ser Thom Yorke el personaje … no quería morir habiendo logrado solo eso. El hecho de que muchas estrellas pop tratan desesperadamente de pasar a la inmortalidad a través del culto a la personalidad… esta moda, esta sección de críticas del Sunday, con la página satinada al frente… simplemente dije ‘¡No!’. No, no quiero ser recordado por esto, no quiero ser recordado por haber hecho pequeños trabajos que le gustaban a la gente, y otras cosas que no quiero saber. No me metí en esto para lograr ser inmortal. En sesenta años, estaré muerto, y eso será todo.
Cometí un error fatal. ¿Recuerdas cuando dije que no leía la prensa? Pues leí esto porque estaba en un camarín y decía algo como que esta gente no luce como la gente que ha enfrentado a la muerte y sobrevivieron… quizá, pero estoy aquí para probar quién soy”.

Radiohead todavía se las arregla para separar lo personal de lo profesional; tienen vidas separadas cuando la banda no está activa y viajan separados a los conciertos durante las giras. Selway conduce desde y hacia su casa en Oxford; el gregario Colin viaja con el staff y O’Brien, Yorke y Jonny viajan en auto con el tour manager en una camioneta Renault. Las pruebas de sonido son algo caóticas pero un ingeniero de sonido bien concentrado las ordena; además, antes y después de los shows rara vez están en el mismo lugar al mismo tiempo.
“Creo que mientras más hacemos eso, más éxito tenemos”, dice Colin. “Es más difícil lidiar a nivel personal y conectar con necesidades personales y una vida propia. Entiendes cómo es que algunos buscan salidas rápidas como tomando drogas, porque es algo que te adormece. Pensaba en Blind Melon y “No Rain”, porque ya habían salido de gira dos veces antes de que sea un éxito, y tuvieron que volver a salir de gira. Te puede afectar mucho; es extraño, porque sientes que pertenecer a una banda es un privilegio, una forma de vida refinada y que nunca debes sentirte satisfecho pero también tiene sus presiones. Me parece interesante volver al lugar donde hice la universidad y pensar en cuánto hemos logrado, y lo mucho que hemos viajado y la cantidad de lugares que conociste, pero aún así te sientes infeliz con tu vida y con lo que sos, emocional o intelectualmente”.

Radiohead se mantiene muy autocrítico. Su grado de auto análisis es agudo, por lo que cualquier cosa mala que se escribe de ellos, probablemente ya cruzó por sus cabezas. Sin embargo, disfrutan de las paradojas y las contradicciones que crean. “Mi papá me preguntó el otro día cómo iba todo”, cuenta O’Brien, “y le dije ‘bueno, tu sabes, podría ser mejor desde nuestro punto de vista’. Es lo mismo cuando alguien sufre de bulimia y se mira al espejo y cree que se ven gordos cuando en realidad están muy flacos. Recibimos muchos halagos de la gente pero pensamos que no es suficiente”.

En enero, se tomarán un descanso. Selway pasará tiempo con su esposa, Yorke viajará por Europa tratando de alejarse de The Bends, O’Brien irá a la India y Colin se mudará a Londres.
“La única otra persona con la que hablé de esto es Michael Stipe y me dijo que le toma al menos unos seis meses bajarse del ritmo de una gira, o más de eso, así que ahora lo entiendo”, comenta Yorke. “Las emociones, las tensiones, los temores se acumulan y de a poco comienzan a surgir al final del ciclo, por lo que tienes que mantener la cordura. Es lo mismo con los shows en vivo. A veces creo que es divertido y es todo una broma y simplemente disfruto eso en lugar de combatirlo”.

La noche después de Nottingham Rock City, Radiohead toca en Cambridge Corn Exchange. Es otro buen concierto. A las 11.40pm, Yorke sale de su camarín y se sienta en la base de una escalera. “El secreto que descubro poco a poco es que si no sentís nada por dentro por lo que hacés, no necesariamente significa que no funciona. Simplemente significa que no todo el tiempo podés estar metido cien por ciento, y si lográs hacerlo, eres digno de lástima”.

¿Hay más confianza en tí mismo? ¿Piensas que finalmente ‘son buenos’?
“No. Espero que no. Pero es lo mismo con todo el mundo, o debería serlo. Si todos los días despiertas pensando que eres genial, debes ser un boxeador o algo así”.

¿Estás aprendiendo finalmente a disfrutarlo?
“Apenas pago mis deudas, en realidad, pero lo que te aterra es comenzar a escuchar a la gente decirte que por lo menos no tienes que trabajar para sobrevivir y lo único que puedes responder es “tenés razón” … te olvidas de que eres un maldito afortunado”.

Thom Yorke (c) Kevin Cummins – 1995

Publicado en NME, el 9 de Diciembre de 1995.
Texto original por Andy Richardson. Fotos por Kevin Cummins

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