Thom Yorke lo vio como una locura. «Nunca conecté favorablemente mi música con Shakespeare», dice Yorke. «Siempre vi su obra como algo totémico, por lo que emparejar nuestra música con eso me pareció un sacrilegio .. pero siempre estoy dispuesto a un poco de sacrilegio» dice mientras se ajusta los anteojos de marco grueso y sonríe levemente.
En Octubre de 2003, la directora y diseñadora Christine Jones estaba en el Madison Square Garden mientras Radiohead tocaba canciones de su Hail To The Thief – próximo a ganar un Grammy. Las intoxicantes y propulsivas canciones permanecieron en su cabeza mientras trabajaba en una producción de Hamlet, meses después. El álbum no había sido influenciado intencionalmente por la obra de teatro, pero similitudes misteriosas entre ambos comenzaron a hacerse evidentes para Jones. «Estaba hechizada por la idea de que haya un dialogo entre las obras. Ambas analizan la complejidad de la condición humana, el ser víctima de un engaño y de que te engañe tu gobierno … la búsqueda de una brújula moral en el mundo», dice tratando de describir los ecos entre ambos, como si fueran avistamientos de fantasmas. Comenzó a imaginar una producción donde las preguntas oscuras y vacilantes sobre desconfianza y paranoia pudieran entrecruzarse, acentuadas por atisbos de ternura.
Cuando Jones le sugirió la idea a Yorke, el no pudo dejar de pensar en ella. «Así es como juzgo las cosas la mayor parte del tiempo; si permanecen aquí», dice tocándose la cabeza. Leyó que Shakespeare le pedía a los compositores de la época que escribieran música y colaborar con ellos. «No eran solamente agregados, sino partes estructurales del trabajo», agrega. Quizá la sugerencia de esta forma entrecruzada de producción no es tan radical después de todo; el equipo creativo simplemente responde a una invitación extendida hace 400 años.
Guiada por sus instintos, Jones adaptó el texto y pasó de una épica de cuatro horas a algo que se desarrolla en aproximadamente 90 minutos. Al comienzo, Yorke experimentó con capas de música dando base al texto editado, pero rápidamente se dio cuenta de que no funcionaría usar las canciones en el orden del álbum – o siquiera usar canciones enteras. «Es más como vidrio roto en miles de pedazos, vueltos a pegar», dice. Radiohead hizo el álbum original bastante rápidamente, Yorke siempre lo sintió como «el álbum que se nos escapó». Esto, su escapada al mundo del teatro, le dio la chance de revisitarlo con un nuevo propósito.
A medida que el movimiento y la música comenzaron a ponerse al frente de la historia, el equipo continuó desechando capas del texto. «¿Que podemos mostrar, escuchar, en lugar de decirlo todo?», se pregunta Jones. «Destilación en función de iluminación».
Con el objetivo de desbloquear un lenguaje diferente aparece Steven Hoggett, co-director y colaborador frecuente de Jones. Su vocabulario abunda en músculos, piel y huesos. «Cuando conocí a Steven, sentí que era la persona que vine a encontrar en Nueva York. «Estaban energizados después de trabajar en obras como American Idiot, Let the Right One In y Harry Potter and the Cursed Child. Cuando Jones le pidió a Hoggett que se sume al equipo de este proyecto, volvió a escuchar el álbum para ver cómo el álbum encajaba con el texto. «Fue emocionante sentir que algo estaba ya en proceso y no tendríamos que forzar el proyecto. Simplemente debíamos darle un empujoncito», dice.
¿Cómo se baila Radiohead? «Nunca pude descifrarlo», bromea Yorke. «El movimiento simplemente apareció cuando colgué la guitarra y … simplemente comienzas a hacer cosas», dice, con dificultad para encontrar las palabras. Las acciones en el escenario de Yorke son instintivas, y el proceso de Hoggett lo es también. «Buscas un registro emocional», dice sobre cómo la compañía crea en conjunto. «No le decimos a los actores que le den cuerpo al ‘ser o no ser’. Eso nunca funcionará». En lugar de eso, el coreógrafo Jess Williams y él organizaron tareas en la sala de ensayos. «¿Cómo se siente conducir hacia alguien con furia?¿Y si escondieras algo?» Tratan de ser sutiles en su dirección. «Construímos la arquitectura del movimiento y después tratamos de quebrarlo; de otra forma, simplemente tiendes a dirigirte al puente».
La producción toda evita la prolijidad. Yorke quiere evitar que la música exagere en ilustración, «en el sentido de que un músico traza líneas que siguen una trayectoria emocional de lo que sucede». Cree que eso no le hace ningún favor ni al texto ni a la música. «Quiero que haya fricción entre ambos, que se desestabilicen, que haya tensión entre ambos», dice sobre las obras. Esta agitación se cuela en la obra de teatro entera; el equipo puso el foco en los dibujos serpenteantes de Robert Longo y las pinturas contorsionadas de Egon Schiele, con el objetivo de examinar el conflicto interno que hace gatear a la carne madura. «Es gente que trataba de ocultarse, pero sus cuerpos los traicionaban», dice Jones. Eso es lo que el equipo busca en el movimiento: la sensación e que los cuerpos son secuestrados por la música.
Ubicado en algún lugar entre un estudio de grabación, una cámara de pruebas de sonido y un cuarto de interrogación, el escenario hace eco de esta sensación de malestar y solidifica la idea de estar siendo observado y espiado. «No tratamos de pasar comentarios abiertamente sobre el mundo actual», dice Jones firmemente, remarcando la falta de especificidad en el tiempo y lugar. Las reverberaciones con el presente son implícitas. Más ahora que cuando comenzó el proceso, y son cuidadosos de poner algo muy prescriptivo en el camino de la historia. «A pesar de haber llamado un álbum Hail to the Thief«, concede Yorke sobre las palabras tomadas de las noticias durante las protestas anti-Bush, «creo que es un mal presagio para cualquier obra de arte si es descrita como política y que después incesantemente tener que contextualizar eso». Como la idea de esta colaboración, la frase simplemente no lo dejaba en paz: «estaba a su merced». En lugar de dictar sus intenciones, querían que la producción genere preguntas. «¿Cuál es mi lugar en el mundo?», se pregunta Jones. «¿Cómo intento entender cosas a través de la poesía, filosofía o música? ¿Quién anda ahí?».
Una producción que tomó veinte años en realizarse, Hamlet Hail to the Thief es un experimento extraño y vertiginoso. «Hay un momento», dice Hoggett riendo en parte, «en el que me di cuenta de cuantas versiones malas hay de alguien que no es Thom Yorke cantando una canción de Radiohead». No fue hasta que coincidieron en la sala de ensayos con la banda que logró despegarse de ese miedo. «Todo comenzó a ser posible»; esta sensación de potencial en bruto es lo que empuja su descubrimiento continuo. «Me siento deshecho cuando el teatro no tiene riendas y no sabes qué pasará luego», dice Jones. «Cuando podemos saborear eso en los ensayos, solo puedo sentirme ansioso sobre lo que podamos encontrar».
texto original por Kate Wyver. Publicado por RollingStone UK
