Puedo ver los monstruos

Publicado originalmente por Q Magazine, Octubre 2000

Radiohead compartió estas extrañas fotos de si mismos con Q y los desafiaron a publicarlas. A cambio, compartieron la confusa historia de Kid A, uno de los álbumes más esperados del siglo. Agárrense fuerte, ya que en esta historia aparecen Aphex Twin, separaciones de bandas, Kalashnikovs, Messiaen y marketing de guerrilla. «Todos se sienten inseguros», le dicen a David Cavanagh.

El nuevo álbum de Radiohead, Kid A, fue terminado hace cuatro meses y medio. Después de casi separarse en Febrero por discusiones en la lista de temas, los cinco miembros lograron ponerse de acuerdo en las 10 canciones que lo componen en Abril pasado e inmediatamente comenzaron a ensayar para una breve gira europea durante Junio y Julio – la primera desde la primavera de 1998.

«Cierta gente dentro de la banda quería tocar en vivo», explica Colin Greenwood, dejando entrever que él no era uno de ellos, «lo que supongo dictó la restricción de la grabación y de otras cosas». Sentado en la mesa de café de su living en su casa de Oxford, Greenwood luce bastante restringido él mismo. Parece esforzarse en mantener la elocuencia sin perderse en su taza de té o restregar sus cansados ojos.
Busca un papel y un lápiz y después de apoyar el papel sobre una copia del Private Eye, dibuja un esquema de una carpa con capacidad para 10 mil personas en la que Radiohead dará sus shows en Septiembre y Octubre. Diseñada para tener un sonido excelente, la carpa ya da que hablar en las noticias por otro motivo: será un ambiente «sin logos», ya que no aceptarán publicidad corporativa. «Parece un par de pantalones cortos», comenta mientras dibuja. «Nosotros estamos aquí y el público más o menos aquí … donde está la entrepierna, ahí estará la consola…». La edición de Private Eye tiene un párrafo sobre el regreso de Radiohead, escrito por un periodista de Times. Está en el Pseuds Corner.

Radiohead en vivo en una carpa, en Londres

En la cocina de su propia casa, un poco más arriba en la misma calle, el guitarrista Ed O’Brien simula paralizarse de miedo. Está tratando de ilustrar el desgaste físico y mental de la gira mundial de Radiohead en 1997-98 – un año viviendo bajo la mira de los medios. «Teníamos una serie de contextos en los que habíamos estado antes», dice O’Brien sobre la gira europea reciente, «y de repente sientes que te estás poniendo tenso. Comienzas a pensar que estás de nuevo en el territorio de OK Computer … ‘no estamos cómodos de esta forma’.»
Más tarde esa noche, en un pub en la otra punta de Oxford, Thom Yorke nos revelará que Meeting People is Easy – el documental de 94 minutos con imágenes que muestra a la banda al natural durante la gira de OK Computer – es un mensaje a las bandas jóvenes que puedan envidiar el estilo de vida de Radiohead. Y el mensaje es: «ni siquiera lo piensen». El recuerdo permanente de Ed O’Brien sobre la gira es «la enorme fluctuación emocional» que lo convirtió en una especie de «no-ser humano». La web de Radiohead continúa recibiendo cartas amenazantes de personas en Estados Unidos y Europa que conocieron a Yorke en un mal día – es decir, cualquier día – y les dijeron que se vayan al carajo.

Ed O’Brien

Todas estas escenas, por supuesto, son agua para el molino de los detractores de la banda, que los consideran un grupo de llorones malcriados que quieren ser famosos y no sufrir consecuencias. Quieren hacer música brillante pero que no se lo reconozcan. Desean llegar a muchísimos oyentes sin tener que hablar con ellos. Quieren ser importantes pero no tan importantes.
La verdad es que Colin Greenwood confiesa que la gira de OK Computer no fue completamente terrible, y que una vez que las cámaras se fueron, la banda disfrutó nadando en Nueva Zelanda y en los kartings en Australia. Sin embargo, es firme en que el ciclo de álbum-gira-otro álbum casi arruina a Radiohead a fines de los 90s y por eso querían cambiar las cosas después de OK Computer debido a la presión que vino con él. O al menos iban a intentarlo.
Inclusive antes de que los lectores de Q elijan a OK Computer como el mejor álbum de todos los tiempos en Febrero de 1998, era evidente que el álbum había dejado una marca en el paisaje cultural. Más allá de ser un experiencia extremadamente estimulante y evocadora, el álbum encapsula cómo se siente estar aterrado por la época en la que se vive. En la última década de música inglesa, la tendencia fue que los álbumes alegres marcaran el momento (no es coincidencia que Radiohead lanzó solo un EP en 1994, el año de nacimiento del britpop), y sin embargo un trabajo que se apoya en la angustia como OK Computer puso el énfasis en el pesimismo contundente y tenía el escalofriante adorno verosímil de las perturbaciones mentales causadas por la TV de Chris Morris, los ensayos sobre armas nucleares de Martin Amis, las rutinas de la guerra del Golfo de Bill Hick y todos los clásicos apocalípticos del panteón del rock and roll. Lo que vale la pena destacar no es que los lectores de Q hayan calificado como el más atrapante de los últimos 40 años de música popular a un álbum que tenía siete meses de vida, sino que quizá hayan tenido razón.

Colin Greenwood

Cuando algo es tan bueno, se convierte en una especie de celebración. Cualquiera que haya visto la gira de OK Computer se habrá sentido impresionado por la atmósfera festiva mientras Radiohead tocaba sus complejas elegías en un ensueño a media luz. Para los más grandes de las plateas, era música para el cerebro. Un pedido de silencio cae sobre los niveles más bajos como si una obra de Ibsen o Beckett estuviera siendo interpretada. Algunas de estas personas deben haber visto a R.E.M. en los 80s y vieron en ellos lo que ahora ven en Radiohead: una banda que hace la música que aquellos que no son músicos quisieran hacer si estuvieran en una banda.
Desde la salida de OK Computer, Radiohead ha sido calificada como la Mejor Banda del Mundo tan seguido que ha pasado a ser para ellos una simple combinación de palabras. La expectativa generalizada es que Kid A no solo mejorará a OK Computer sino que abrirá nuevos caminos que la música de rock podrá tomar – aunque esto último es rechazado por Yorke con un imperativo «es un montón de mierda». Deberíamos recordar que estos cinco hombres no fueron inmediatamente populares y fueron ascendiendo. Inclusive después de que The Bends los acercara en 1995 a 1.5 millones de nuevos fans, un columnista en Rock: the Rough Guide mencionó que «Radiohead ha siempre tenido el gran complejo de ser infravalorado».
Entonces, tiene sentido de manera extraña que también tengan un gran complejo de ser sobrevalorados. No mucha gente pensaría en escribir una canción como «How To Disappear Completely» en la que Yorke revela la desorientación y aflicción que sintió cuando Radiohead se presentó ante 38 mil personas en el RDS de Dublin el 21 de Junio de 1997 – el show más grande que habían hecho. Y no muchas bandas estarían ansiosas por llegar al día en que sus álbumes crearan menos tumulto y desataran menos entusiasmo en la crítica como Radiohead parece estar hoy en día.

Jonny Greenwood

«Vivimos en una época», explica O’Brien, «en la que la música grabada se distribuye alrededor del mundo y las bandas son consideradas casi sobrehumanas. No es algo muy saludable». Radiohead, hablando uno por uno con Q hoy, no tienen tapujos en enfatizar lo falibles que son; como el proceso de creación de Kid A casi los llevó a su destrucción; lo gracioso que encuentran el título de vencedores mundiales. O’Brien cree que las críticas hacia la banda no tardarán en llegar. Y en el mismo mes que Warner Bros gastó un millón en el marketing del nuevo álbum de Madonna, Radiohead juega el quijotesco juego de ser difíciles de atrapar y no lanza simples para promocionar Kid A y se rehusan a decir que es su mejor trabajo. Irónicamente, quizá así sea.

Philip Selway

Kid A dura 48 minutos y es sorprendentemente hermoso, frecuentemente extraño y completamente absorbente. Comienza con una canción de piano eléctrico fabulosa tocada por Yorke, sucedida por quizá la canción más extraña de Radiohead hasta la fecha, después pega un volantazo hacia algo todavía más extraño, nos devuelve a terreno conocido con una de las baladas orquestadas más hermosas de los últimos años, nuevamente se adentra en algo bastante inexplicable, regresa con dos canciones de guitarras tan inesperadas como excepcionales, nuevamente se pone oscuro e inhóspito por unos cuatro o cinco minutos, te vuelve a buscar como si no hubiera pasado nada y después se despide en un halo de arpas y coros. Nunca antes hubo un álbum similar. Si 12 millones de personas lo compran y son transportados, ten compasión por los pobres que decidieron que no valía la pena.
Con fecha de lanzamiento el 02 de Octubre, Kid A será el último álbum de Radiohead, como dicen ellos, parte del temido «ciclo». Esto aparentemente es algo bueno para los fans, ya que significa más conciertos y lanzamientos, con menos demora entre ellos. Con el apoyo de su sello discográfico, Parlophone, esperan poder comenzar a lanzar su música de forma más flexible. «Nos encantaría tener una comunicación más frecuente con la gente», explica Colin, «en lugar de contarles muchas cosas cada dos años y medio, con bombos y platillos». Las ideas que están explorando incluyen EPs esporádicos y series de lanzamientos por Internet con pago puntual. «Estamos tratando de escaparnos lo más posible del contexto en el que cada álbum que hacemos es el fin de todo», asegura O’Brien.

La nueva palabra clave de Radiohead es «agradable». La usan mucho, generalmente al final de frases como «queremos hacer que el proceso de grabación sea más…» o «lo que tenemos que encontrar es una forma de hacer que las giras sean más…». En su búsqueda de diversión, Thom Yorke descubrió que es útil irse a casa, cerrar la puerta y destrozar en pedazos su copia de Kid A.
El primer miembro de Radiohead en encontrarse con Q es Philip Selway, el cortés y educado baterista, que nos guía desde la estación de trenes de Oxford hacia un café tranquilo. Selway es tan moderado que pone una voz graciosa al hablar de los 4.5 millones en ventas de OK Computer y la espléndida recepción de la crítica. «Supongo que fue bastante bien recibido», dice en una voz extraña, «pero nos preguntamos si no nos encasilló en un estilo de banda». Como sus colegas, Selway considera que OK Computer está un poco sobrevalorado y excedido en algunos minutos. Muchas de las características de OK Computer, en particular los sorprendentes sonidos de guitarras y el uso magistral de la dinámica musical, no están presentes en Kid A. También faltan algunos miembros de la banda en algunas canciones. Fue un álbum creado de manera totalmente extraña para ellos: sin límites de tiempo; poco material escrito de antemano; mucho miedo y desconcierto. «En lo referido a la relación entre los cinco, todo fue muy confuso el último año», piensa Selway; «se trató de ver qué otros abordajes había disponibles; si eran apropiados o no; si eran algo en lo que todos podíamos estar de acuerdo».
El último miembro en encontrarse con Q fue Thom Yorke, quien entró al pub con un humor no muy bueno y pidió una pinta de cerveza amarga. Musicalizado por jazz de Blue Note y Django Reinhardt, lentamente se relaja después de tres o cuatro cervezas ale y termina quedándose hasta el cierre. Para ese entonces, el bar se llenó de gente joven pero nadie molesta mucho a Yorke. «No, todos son demasiado geniales», dice y agrega un frío «ahora no le importo a nadie y me gustaría que siga siendo así».

Yorke, al parecer, lo pasó bastante mal durante la grabación de Kid A. Aun así, O’Brien asegura que la experimentación y los descubrimientos fueron solo posibles por la terquedad de Yorke.
«Thom dirigió el álbum, más que cualquier otro,» cuenta O’Brien. «Fue algo que me abrió los ojos. Tiene una gran ética que viene de la escuela de arte. Hizo Arte en la universidad y tiene ese ímpetu: OK, ya hice eso. Ahora voy a avanzar a otra cosa. Creo que puedo ser un poco objetivo sobre esto y decir que Thom está en la misma liga que los John Lennon, los David Bowie, esa gente. Tiene un don extraordinario».

Yorke no es el lider de la banda propiamente dicho, pero sin dudas es la fuerza motriz y la fuente de las ideas. «Siempre verás a Thom moviéndose; es muy rápido, Tiene una morfología y un cerebro increíbles», dice O’Brien. En una pelea dentro de Radiohead, Yorke siempre ganará («funcionamos como las Naciones Unidas, y yo soy Estados Unidos», dice). Desde el primer momento, ha escrito casi todo el material de Radiohead. Hasta OK Computer, con su democrático sonido, es en realidad el sonido de una banda muy bien aceitada con ensayos de canciones de Yorke hasta que llegaron a una ejecución perfecta.
Cuando Radiohead comenzó a grabar el nuevo álbum en Paris en Enero de 1999, sin embargo, era evidente que Yorke no tenía nada preparado. De hecho, estaba atravesando un período de bloqueo de escritor.
«La nochevieja de 1998 fue uno de los peores momentos de mi vida», recuerda. «Sentí que me estaba volviendo loco. Cada vez que agarraba una guitarra sentía pánico. Comenzaba a escribir algo, paraba luego de varios compases, la escondía en un cajón, la volvía a mirar, la destrozaba … me hundía cada vez más».

Entre las cosas que carcomían la confianza de Yorke estaba la idea de que Radiohead no era la banda pionera que todos decían que era. En sus años de estudiante – en Exeter, a comienzo de los 90s – le gustaba mucho el tecno del sello de Sheffield Warp, por lo arriesgado que sonaba. Tratando de volver a sus cabales después de la gira de OK Computer, Yorke volvió a escuchar artistas de Warp como Autechre y Aphex Twin y terminó convencido de que ellos habían transgredido los límites de la música mientras que Radiohead se había desviado.
«Creía que había perdido el rumbo», dice con tristeza. «Lo primero que hice después de esa gira fue comprar todos los lanzamientos de Warp. Comencé a escuchar a John Peel y a comprar álbumes por la red. Fue renovador porque la música era solo estructuras y no había voces humanas. Pero la sentía tan emotiva como siempre sentí que era la música de guitarras».
Durante los ensayos, a fines de 1998, Ed O’Brien tuvo un momento de inspiración sobre el próximo álbum de Radiohead. Sintió que debía esta lleno de canciones pop breves, de tres minutos, basadas en guitarras, y cada una arreglada con mucho esmero y llena de hermosas melodías. «Estaba harto de las analogías con el rock progresivo», admite, «particularmente porque odio ese tipo de música. Pensé que la forma de hacer algo opuesto a OK Computer era deshechar todos los efectos y ocupar guitarras limpias, como para hacer algo rápido».

Que Yorke no haya compartido la visión de O’Brien revela algo sobre el funcionamiento interno de Radiohead; tanto como que Yorke ni siquiera haya sabido esto hasta ahora. «Eso explica muchas cosas», se ríe Yorke. «Que carajos, no hay chance de que hagamos un álbum así. Me harté de las melodías. Solo quería ritmos. Las melodías eran una vergüenza para mí».
En un intento de aplacar sus inseguridades ante la grabación de un álbum tan importante, Yorke sintió que quizá era mejor no decirles a los demás que tampoco quería cantar…

Después de escuchar los discos de Autechre y Aphex Twin de Yorke por un tiempo, Radiohead comenzó las sesiones en París con una canción que nació en una prueba de sonido en Nueva York, en Abril pasado. El título hasta el momento era bastante apropiado: «Lost at Sea». «Rápidamente nos estancamos», recuerda Selway. «En París básicamente nos perdimos». «Lost at Sea» fue dejado de lado y olvidado.
En Marzo, la banda se mudó a un estudio en Copenhague y comenzaron a grabar los fragmentos de canciones que tenían. «Las dos semanas en Copenhague fueron bastante terribles para nosotros», dice O’Brien con una mueca de disgusto. «Cuando terminamos, teníamos como 50 carriles de cinta de dos pulgadas, y en cada uno había como 15 minutos de música. Y nada estaba terminado».
En parte porque Yorke no lograba terminar ninguna canción, y en parte porque había tenido un regreso a Warp y a veces traía demos al estudio que constaban solo de una máquina de ritmos o un sonido interesante. Un procedimiento totalmente comprensible si se trata de, por ejemplo, Massive Attack, pero algo confuso para una banda con tres guitarristas como Radiohead. Y como pocas de las canciones que aparecieron en esos demos tenían versos o estribillos, era difícil trabajar en los arreglos, ver dónde irían las guitarras y particularmente difícil saber si estaban progresando o perdiendo el tiempo.

«La idea era generar fragmentos de trabajo que puede no estén completos y quizá no encajen en ninguna parte; y para cuando termines todo, quizá sean irreconocibles. Pero quizá sea mejor que eso con lo que comenzaste. Eso esperaba estuvieramos haciendo – sin importar de dónde venía la música, y sin importar quién tenía participación en la canción», comentó Yorke.

La lógica detrás de este enfoque poco a poco fue comprendida por el resto. O’Brien, quien admite que durante gran parte del año de grabación estuvo muy confundido por las técnicas de grabación, admite que ahora puede ver los beneficios de las mismas.
«Si vas a hacer un álbum que suene diferente», dice, «tenés que cambiar el método de trabajo. Te asusta; todos se sienten inseguros. Soy guitarrista y de repente nos encontramos que en un tema no hay partes de guitarra, o no hay batería. Jonny, yo, Colin y Phil tuvimos que entender eso. Fue una prueba para la banda, me parece. ¿Sobreviviríamos sin daños a nuestros egos?».
Para O’Brien significó que debía replantearse todo: rara vez tocó una guitarra en 1999. Selway, también, se preguntó si sus contribuciones a la banda eran válidas todavía. Colin Greenwood acepta que el álbum no tuvo forma hasta comienzos de este año. Y en lo que respecta al hermano menor de Colin, Jonny, tiene un perfil muy bajo en Kid A y solo toca la guitarra en un par de canciones.
«Creo que, a riesgo de sonar corporativo, Radiohead es un gran símbolo detrás del que nos ocultamos», dice Jonny mientras disfruta de una cerveza temprana en el mismo bar donde Yorke pasará la velada más tarde. «Radiohead es algo que impulsamos en lugar de hacer eso con nosotros mismos… y también siento a veces que hay un sexto miembro en la banda, sentado, escuchando lo que hacemos, y que cuando hacemos algo nos grita que está aburrido».

O quizá sea el mismo Greenwood el que grita eso. El miembro más joven de la banda es también el más impaciente, según el mismo comenta. Lamenta cuanto tiempo tomó la realización de Kid A y piensa que Radiohead lanzaría cuatro álbumes por año si él estuviera a cargo. Dispuesto a adoptar nuevas metodologías – aunque está lejos de la fijación de Yorke con Warp – Greenwood no tiene las mismas dudas que O’Brien sobre crear un álbum completamente libre de guitarras, pero le preocupaba que el álbum pudiera parecer un volantazo injustificado hacia la electrónica y la experimentación azarosa digital.
Por si acaso, el instrumento que Greenwood toca más en Kid A es previo a la computadora digital. Combinación de teclado, una cinta y una cuerda, el Ondes Martenot aparece en los trabajos del compositor francés Messiaen y también en la canción de Star Trek, donde suena como una mujer cantando. Greenwood ha estado obsesionado con el potencial del instrumento desde que estudió a Messiaen en la universidad.

Pero la nueva metodología de Radiohead no era tan sencilla como empujar a Greenwood al Ondes Martenot y esperar algo bueno. «París y Copenhague fueron en su mayor parte fracasos», dice. «Hicimos muchísimo y después pasamos un año odiándolo. Y después terminamos usando fragmentos de eso, o cosas bastante completas. Típico de nosotros». Docenas de canciones fueron comenzadas y abandonadas, y seis meses después fueron reevaluadas y pulidas. Una de ellas, «Knives Out», tardó 373 días en ser completada y ni siquiera está en el álbum.
Cuando la banda mudó todo su equipo a Batsford Park, una mansión vacía en Gloucestershire, en abril de 1999, nadie – particularmente Yorke – tenía un vago plan de acción o fecha límite. «Cuando fuimos a Batsford, teníamos un pizarrón», recuerda O’Brien, «y creo que Thom disfrutaba con cierta perversión tener títulos de 50 o 60 canciones; algunas solo eran esbozos; otros ideas que no nos había mostrado. Veíamos ese pizarrón…» y «nos asustábamos», agrega Selway.
La falta de un límite temporal por parte de Parlophone comenzó a sentirse como un arma de doble filo. «Fue una sobrecarga cerebral», dice O’Brien. «El ser humano necesita un sentido del orden de lo que puede procesar. Si hay demasiadas cosas sin terminar, ¿dónde te enfocas? Si tienes unas 30 o 40 cosas comenzadas y no has tomado decisiones sobre ninguna de ellas, a veces te precipitas y entras en pánico. Tuvimos muchas reuniones de emergencia».

Y de estas reuniones surgió el acuerdo de que si Radiohead no lograba grabar un álbum digno de ser lanzado, admitirían que fallaron e irían por caminos separados.
Yorke recuperó la confianza y, aunque la perdió nuevamente pronto, esperaba que otro miembro de la banda, o quizá el productor Nigel Godrich, tomaran las riendas. Todos los ojos, sin embargo, apuntaban a Yorke. «Fue un aprendizaje para todos», dice y agrega que «no fue como si yo hubiera estado esperando a todos que me alcanzaran».
La razón por la que grabaron en París, Copenhague y Gloucestershire fue porque su propio estudio, que esperaban estuviera listo para comienzos de 1999, todavía estaba siendo instalado y no esperaban que estuviera listo hasta Septiembre. Yorke imaginó a Radiohead usando su estudio casi como Can usó su fortaleza en Colonia en los 70s: grabar cada minuto de música y editar los mejores fragmentos en formato álbum. Pero Can habían sido genios de la improvisación… ¿lo era Radiohead?

Ese verano, haciendo las delicias de las publicaciones musicales, O’Brien comenzó a publicar un diario del álbum en la web de la banda. Pronto, sus descripciones de las canciones y novedades del progreso comenzaron a aparecer en las historias de la prensa. Esto no fue considerado por Radiohead como algo irritante o una amenaza a su privacidad, sino como una forma buena de permitirle al mundo exterior dar una mirada. Ahora que el público tenía acceso a lo que estaban haciendo, el álbum parecía menos un proyecto secreto en un laboratorio y más como una labor responsable que era propensa a los errores comunes y debilidades.
«Tocábamos poco pero hablábamos mucho», dice una de las primeras publicaciones de O’Brien. «El problema es que estamos básicamente en un limbo. Por primera vez… no tenemos nada para lo que prepararnos; solo ‘un álbum’, pero desde Enero venimos trabajando en eso y todavía no tenemos nada contundente, más que quizá algunas lecciones sobre como no hacer las cosas… ¿estamos pasando por lo mismo que los Stone Roses?

Pero mientras más buscaban el consenso, un factor importante comenzó a tener peso. Aunque Radiohead solo había editado tres álbumes, los músicos habían trabajado juntos por casi 15 años – y se conocían desde hace 20. Yorke no fue el único en preocuparse por el hecho de que quizá habían llegado a su final. «Teníamos que madurar mucho», dice con reserva.
El momento crítico, según Yorke, fue cuando aceptaron que no todos tocarían en todas las canciones. «Llegó al punto en el que dijimos ‘bueno, ahora tenemos que ponernos de acuerdo sobre esto en serio‘», dice. «Fue para que todos pudiéramos sentirnos cómodos, incluido yo. Pero tomó bastante tiempo ponernos de acuerdo». El resultado de eso, dice O’Brien, fue aprender a «participar de una canción sin tocar una sola nota en ella».
En una de sus publicaciones a comienzo de este año, O’Brien le pidió a los seguidores de Radiohead que compren No Logo, un libro de la periodista canadiense Naomi Klein. No Logo es un análisis brillante de la extensión de las imágenes corporativas en el planeta, a cargo de Nike, McDonald’s, Starbucks, MTV y otros – y sobre los activistas alrededor del mundo que estaban tratando de contrarrestar el efecto – que fue leído por tres miembros de la banda y hasta se rumoreó le dio un título tentativo al álbum.
«No Logo te daba esperanza», dice O’Brien. «Me hizo sentir claramente menos solo. Debo admitir que soy bastante pesimista sobre la humanidad y ella escribió sobre todas las cosas que trataba de hacer congeniar en mi cabeza. Fue algo realmente inspirador».

O’Brien visitó la India hace algunos años y se maravilló al ver a los niños de una pequeña aldea reunidos alrededor de un televisor viendo el videoclip de Radiohead para «Lucky» en MTV. Su corazón se hundió en pesar al ver que estaba inmediatamente seguido de un comercial de Nike y se dio cuenta que el clip de Radiohead era solo otro pixel en la pantalla global de colocación de productos. Aunque Thom es el miembro más politizado de la banda – dando apoyo a movimientos como Free Tibet, Drop the Debt, entre otros – O’Brien es el que se encontró a si mismo en una marcha contra la Organización Mundial del Comercio en marzo, en Whitehall – su primera manifestación desde sus años como estudiante – y confiesa que desearía que la banda fuera «más útil».
Pero he aquí una encrucijada. Más allá de las carpas sin marcas comerciales, Radiohead todavía está atado a un conglomerado de entretenimento global como es EMI/Time Warner/AOL, y sus álbumes pelean contra Britney Spears y los otros íconos agrupados por un espacio en el mercado. Yorke se mostró lúdico al respecto en la carátula de OK Computer («todas las canciones fueron publicadas por Warner Chappell Ltd. Letras usadas con amable permiso a pesar de que las escribímos nosotros»), pero No Logo da muchos ejemplos de estrellas de la música que son sarcásticos sobre la maquinaria de la industria y es muy duro con ellos. «¿Dónde tienes los huevos para separar tu marca de las demás?» escribe Naomi Klein. ¿Es eso lo que Radiohead está haciendo ahora? Pero si O’Brien, un aprensivo relajado cuya banda favorita es Asian Dub Foundation, desea ver una banda más politizada, la verdad es que Thom Yorke está lejos de ser un polemista. Sin ser ni particularmente amistoso con los medios ni sintiéndose cómodo en el ojo público, Yorke personifica la inteligencia iracunda y la confusión en la música de Radiohead. Inmensamente preocupado por ser tratado condescendientemente o ser absorbido, esquiva las preguntas de Q sobre No Logo y se refugia diciendo que el libro no le enseñó nada que no haya sabido antes. Aunque es tentador ver la determinación de Radiohead de romper el ciclo como una decisión ética – una obstinación por malvender su marca corporativa quitando las oportunidades promocionales a las que están destinadas las obras maestras super anticipadas y las supergiras de todo un año – ninguna de ellas tiene efecto en Yorke, quién se niega a hablar de los planes a largo plazo de Radiohead y no es muy específico sobre las temáticas en las letras de Kid A.

Habiendo dicho eso, hay una canción en el álbum, «Optimistic», que parece ir de la mano con No Logo. En «Optimistic», Yorke conjura las imágenes de «dinosaurios caminando sobre la tierra», peces grandes comiendo peces pequeños y al mismo tiempo ofrece una mano amiga diciendo «puedes intentar tanto como puedas, puedes intentar tanto como puedas … lo mejor que puedas es suficiente». Entonado sin una pizca de cinismo, resulta ser uno de los favoritos de su novia. «Puedo ver los dinosaurios asomándose sobre las montañas cada vez que canto esa canción», dice mirando al infinito. «Monstruos, fuera de control, vagando por la tierra. Llenos de poder, completamente invisibles, destruyendo todo … Kalashnikovs … sin rostro ni nombre…»
De acuerdo con O’Brien, Yorke ha cambiado el estilo de componer letras en Kid A. Por primera vez, no le ha explicado las canciones al resto de la banda – y el empaque no incluirá las letras. Suenan más inconexas que nunca, como las abreviaciones circulares de Bowie en Low o las reiteraciones amenazadoras de los primeros tiempos de Mark E. Smith.

En septiembre de 1999, Radiohead se mudó finalmente a su estudio, todavía sin estar seguros de que los últimos nueve meses hayan sido productivos o no. Para Noviembre, la canción «Kid A» (cuyo título proviene de un programa de computadora con voces de niños) había sido mezclada y habían acordado una lista con canciones nuevas para trabajar. Cuando se tomaron un descanso el 13 de Diciembre, O’Brien mencionó que seis canciones habían sido terminadas.
Eso no significaba que se podía ver el fin del camino. De hecho, permanecieron con miedo de terminar el álbum bajo la sospecha de que había otros métodos que podían explorar. El 10 de Enero, siguiendo una sugerencia de Nigel Godrich, la banda se separó en dos grupos. Uno trabajó en la sala de programación y el otro en la sala principal y la única regla era evitar usar instrumentos acústicos como guitarras o baterías. Un grupo comenzó creando una secuencia básica, un loop o un sonido, y pasándoselo al otro grupo para que lo expanda. Yorke pensó que el experimento quizá llevaría a la banda a darse cuenta de que las piezas «accidentales» son tan provechosas como las «canciones propiamente dichas».
Y eso hizo que la nueva metodología de repente tuviera sentido para O’Brien. «Te encuentras tocando un Moog», se sorprende, «u operando máquinas que nunca antes habías operado. Literalmente te transformas en un niño: ‘no sé cómo funciona esto pero wow, ¡produce un sonido increíble!’ Fue fantástico darnos cuenta de que es tan válido como tocar un riff genial en la guitarra».

Aunque ningún fragmento de esa sesión especulativa terminó en el álbum, O’Brien siente que el futuro musical mediato de Radiohead fue iluminado por esa sesión. «Thom nos animaba; decía ‘mirá esto es fácil'», recuerda. «Y tenía razón. Con toda la tecnología y software disponible hoy en día, podés agarrar algo y manipularlo de maneras que antes no podías. Eso es algo en lo que nos vamos a adentrar: agarrar guitarras, cortarlas, hacer sonidos que antes no se hicieron… esta tecnología abre todos los campos. Las combinaciones son infinitas. Completamente infinitas».
Los hermanos Greenwood, sin embargo, no están tan entusiasmados al respecto. Jonny recuerda que ese experimento de los dos grupos fue un aburrimiento total y Colin siente que Radiohead todavía no está exento de problemas.
«La estrategia será continuar cosas que nos llaman la atención», dice, «pero no transformarnos en una banda horrible de art-rock sin un objetivo real solamente para llamar la atención de los demás. Para mí, en lo que espero terminemos convirtiéndonos es en un grupo de la Costa Oeste que saca un álbum por año, o en alguien como Beta Band, que sacan material de muy buena calidad y tienes una base de apoyo y respeto».
En lo que respecta a otros miembros, Selway – que fue padre el año pasado – inevitablemente tiene una mirada más madura sobre como las actividades de Radiohead tendrán que cambiar para adaptarse a las vidas personales. Yorke tiene sus propios motivos para desear que la histeria que lo persiguió de continente a continente entre 1997 y 1998 nunca se repita. Solo O’Brien parece medianamente entusiasmado por los proyectos del futuro de Radiohead.
«Lo que nos está pasando ahora – o lo que deberíamos repetir para nuestros adentros – es que estamos comenzando un nuevo camino…» dice. «No podíamos continuar de la forma en que veníamos. No tenía sentido en absoluto. Es un cliché, pero lo que hicimos es disolver la banda y empezar de nuevo con los mismos cinco miembros… tú sabes, creo que uno de los principios de Radiohead es que no somos nostálgicos. Nunca hablamos de la escuela. Fuimos a la misma escuela, pero no miramos atrás. Nunca hablamos de lo que hicimos en el pasado».

El 6 de Agosto, O’Brien tomó distancia del problemático álbum y escribió en su diario: «nos ha tomado siete años alcanzar este grado de libertad, y es lo que siempre quisimos. Pero podría ser muy fácil arruinarlo todo». El hecho de que hayan dado a luz al exquisito Kid A después de un embarazo tan confuso y angustioso sugiere que pocas crisis dentro de Radiohead son insuperables. Y al usar una posición fuerte en la mesa de negociación para reevaluar la forma en la que hacen y promocionan su música, están muy bien ubicados para romper el odiado ciclo. Pero la presión que significa ser la mejor banda del mundo no es algo fácil de sobrellevar. O’Brien se ríe como loco y no sobreanaliza cuando Q le recuerda que R.E.M., también, pensó que su carrera se había calmado después de Out of Time, y solo hay que ver todo lo que vino después.

Pero en el mismo año que una banda influenciada por Radiohead como Coldplay ingresa en los charts en el número 1 y mucha gente habla de ellos como una nueva ola, ¿qué valor le ponemos a la original? ¿Cómo puede asegurarse Radiohead de que los 4.5 millones de fans de OK Computer no se dormirán con el nuevo estilo desacelerado de la banda?
«Se resume en las señales que enviás», asegura Colin Greenwood. «Si enviás señales de que no estás interesado en las trampas habituales del mundo en el que vives, la gente no se entrometerá».
Thom Yorke quizá disienta. Una linea en la canción «Morning Bell» fue inspirada por una carta que recibió en su casa que decía que era una pena que Jeff Buckley haya muerto y no él. En su momento, Radiohead estará entre las primeras bandas de su calibre que logre encontrar la forma de lanzar música a través de la web. Con un contrato de seis álbumes con Parlophone, están en charlas para lanzar el quinto tan pronto como el año próximo (de ser así, puede incluir muchas de las 14 canciones omitidas en Kid A). Después de eso, el protocolo predicho de lanzar un puñado de canciones a través de la red, en pares, grupos de tres o cuatro quizá sea la respuesta a los pedidos de Radiohead. No habrá más de lo que Colin llama sarcásticamente «manifiestos o declaraciones estéticas». No más mejores álbumes de todos los tiempos.

Pero si Radiohead realmente busca encontrar la paz mental que tanto busca, la solución es simple. Y hasta el momento en el que sean capaces de implementarlo – ahuyentando gente con álbumes decepcionantes y conciertos insípidos; deteriorándose como fuerza creativa – es probable que Radiohead continúe siendo la banda con la que todo el mundo quiere usar superlativos.

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