Dentro de la luz

Estudio 1, Centro de BBC Televisión
Radiohead ha pasado la última media hora sobre el escenario mientras los técnicos tratan de encontrar la mejor iluminación para su presentación en Later… No hay mucho qué hacer, pero Yorke se ha convertido en un maestro del arte de esperar. Se sienta con las piernas cruzadas, como un niño de siente años estudioso, absorto en War on Iraq de Scott Ritter – una entrevista extensa con un ex-inspector de armas de la ONU que asegura que Estados Unidos declaró una guerra con motivos falsos. A su lado, el bajista Colin Greenwood abre una Apple Powerbook G4 y la coloca sobre el amplificador. Naturalmente, uno asume que se trata de un ajuste de último minuto a la programación de alguno de los recientes temas electrónicos de Radiohead. En realidad, está subiendo la tanda diaria de fotos tomadas con su cámara digital. «Comenzaron a llamarme Dave Bailey», dice simulando estar enojado. «No siquiera David Bailey, sino Dave Bailey. No se reirán tanto cuando mis muestras lleguen a las galerías de Europa el año próximo». «Si, lo haremos», dice Ed O’Brien, armándose un cigarro casero. «Oh ¿si? Claro que lo harán, ¿en qué estaba pensando?».
Finalmente, les dan la señal para que ensayen «There There», el primer corte de su último álbum, Hail to the Thief. O’Brien y Jonny Greenwood agarran sus baquetas y, como hipnotizados, comienzan a marcar un ritmo para las palabras sonámbulas de Yorke. La noche siguiente, cuando tocan para el programa en vivo, la incomodidad física se puede ver en la cara de Billy Corgan; su nueva banda, Zwan, toca después de Radiohead, por lo que no es difícil establecer paralelos: dos de las figuras más grandes de la «música alternativa» de la última década tratando de seguir adelante de formas muy diferentes. Pero para cuando la presentación espástica y asustada de Yorke termina, pareciera que cualquier deseo de competir en Corgan ha desaparecido. Así es como el estilo deliberadamente humilde de la banda de Corgan, cercano al de una banda de universidad, nos retrotrae a los momentos más flojos de Pablo Honey.
Yorke mismo parece bastante optimista durante los tres días que Mojo pasa con él. Él dice que tiene que ver con su dieta – aunque después algunas razones más profundas salen a la superficie. Hace dos años no consume trigo ni derivados y por eso se siente con más energía, inclusive en los días más largos. Justo a tiempo, porque la promoción de Hail to the Thief largó con un ritmo tan frenético que no se compara ni con las giras de los políticos de las que Yorke habló en «Electioneering» de OK Computer. La banda se rie durante la mayor parte de la sesión de fotos para Time, mientras hablan de su supuesta invitación para tocar en la boda de Brad Pitt y Jennifer Aniston. «Si nos mandaron una invitación, nunca llegó», dice Colin Greenwood. «Estamos devastados», exclama Thom. «¡En serio! Estábamos ansiosos. Pero ¿sabes qué? Siendo honesto, no creo que le gustemos tanto a Jennifer como a Brad. Sé que es un gran fan, porque lo conocí. ¿Qué dijo? ‘¡Excelente concierto, hermano!’ Fue breve, pero hermoso».
¿Lo hubieran hecho entonces?
«¡Por supuesto!», dice y hasta parece creerlo en ese momento. «Podíamos haber tocado desde la parte trasera de una camioneta. No sé por qué, pero así lo imagino. Una camioneta con Brad arriba anunciando nuestra llegada. ¿No hubiera sido genial?».

Desandando el camino…

Anteriormente, solo vi a Yorke con un ánimo similar una vez, pero eso fue en Enero de 1993, poco después de terminar la escuela de arte – cuando la idea del estrellato en el rock le gustaba tanto que hasta escribió una canción sobre eso llamada «Anyone Can Play Guitar». Como muchas de las demás canciones de la época, era buena pero no genial. Sonaba genial tocada en vivo; pero si todos sus temas hubieran sido iguales a ese, no podrías verlos en mejores condiciones que otras bandas contemporáneas como Kingmaker o Silverfish. Cuando nos fuimos del café Georgina en Oxford, nuestra caminata al auto de Ed fue interrumpida por el avistamiento de alguien vistiendo una remera de Radiohed por parte de Thom y Jonny. Su reacción instantánea fue esconderse detrás de mi y mirar al incauto fan desde una distancia segura. En este punto de la existencia de Radiohead, el nivel de éxito parecía ser suficiente para causar eso.
Y si no hubiera sido por «Creep», no hubieran llegado mucho más lejos. Después de nuestro primer encuentro, Thom Yorke parecía más confundido cada vez que nos veíamos, más perdido. Durante la primer visita a Los Angeles – una visita organizada para capitalizar la inclusión de «Creep» en las listas de temas nuevos de KROQ – Thom parecía solitario. Cuando un DJ de la estación le pidió que cante un jingle con el ritmo de la canción, se negó – algo que hizo que el DJ le pregunte si era él realmente quien lo cantaba. Por miedo a las consecuencias de hacer enojar a la radio más influyente de Estados Unidos, se tragó su orgullo y cantó una estupidez preparada de antemano sobre el hecho de que si no escuchabas la estación, eras un bicho raro. La misma noche, presencié un ejemplo de lo que Colin Greenwood llama delicadamente la «capacidad única de Thom para proyectar lo que siente a un recinto». En una celebración corporativa en honor a Radiohead, se cerró en si mismo y murmuró suficientes insultos como para que nadie lo moleste. ¿Cuál era su problema? Tenía un contrato discográfico, pero no estaba muy claro qué quería lograr con el mismo – más que mantenerlo. Si terminaban haciendo un segundo álbum, bromeaba, probablemente lo llamen «Unit»; como cuando dices «hemos enviado 100 mil unidades». En ese momento, uno podía esperar escuchar algo así de Yorke. Después de «Anyone Can Play Guitar», el próximo corte en el Reino Unido sería Pop Is Dead, que se trataba sobre, ehm, la muerte del pop. El videoclip mostraba al resto de Radiohead cargando a Yorke en un – ¿qué? – ataúd de cristal. A veces, parecía que la banda era otro proyecto de la escuela de arte para él; haciendo crítica en lugar de hacer algo genial. Una foto de los primeros años es bastante reveladora: un Thom Yorke rapado, con el dedo medio levantado hacia la cámara. Es algo que esperarías ver en una banda punk de Hungría. «Tratábamos de decir algo con todo lo que hacíamos», después reconoció, «para justificarnos, molestar y mandar al carajo a todos. Era lo único que nos parecía útil hacer». 10 años después, los recuerdo que la memoria le trae solo le causan una risa arrepentida. ¿Qué es lo que quería decir todo el tiempo? «Sinceramente, la mayoría del tiempo era solo ‘¡MIRAME! ¡VAMOS!'».
En privado, se lo entiende mejor. Una vez confesó que envidiaba a artistas como PJ Harvey, porque «aparece en la escena musical totalmente desarrollada, perfecta». En contraste, Thom se presentó ante el mundo con una canción llamada «Creep», un álbum debut flojo y no mucho más que justifique su posición. A fines de 1993, después de un año de tocar en estudios de radio y TV de Estados Unidos, Thom – ahora con cabello decolorado – parece un tipo en el borde de una enorme crisis. «Creo que el pánico tomó control de todo. Las canciones que estaba escribiendo eran consuelos ebrios. Parecían haber miles de caminos para tomar, y el más sencillo era el olvido, no volver más».
Todo se ve en la canciones que emergieron de las tortuosas sesiones de The Bends. «My Iron Lung» – compuesto durante el pico de la obsesión con Vauxhall and I de Morrissey – es una metáfora alarmante del éxito de «Creep»: «aquí está nuestra nueva canción/tal como la anterior/una pérdida total de tiempo/mi respirador artificial». «High And Dry», en oposición, tiene el cansancio de 300 noches: «harías lo que sea para que te reconozcan/harías lo que sea para nunca jamás detenerte». Una noche, después de regresar a su departamento en planta baja de Oxford, Yorke experimentó una especie de coma alcohólico y comenzó a cantar «una canción que se transformó en ‘[Nice Dream]’. Esa canción está basada en una historia de Kurt Vonnegut en la que encuentran un cristal que solidifica el agua, y alguien la arroja al mar. Si quieres suicidarte, simplemente pon un dedo en el agua».
Si hubiera algun consejo que Yorke tenga para su yo de hace algunos años ¿cuál sería? «Ehm, no dejes que tu cabello crezca tanto…»

Podés sacar al pibe de la escuela de arte pero … Damon Albarn todavía usa el collar de cuentas que su mamá le dio cuando era chico. Jim Morrison tenía su amigo imaginario nativo. En el caso de Thom Yorke, son los cuadernos.
Ed O’Brien: «Thom siempre dice que lo mejor que le enseñaron [en la escuela de arte] es a usar un cuaderno. Siempre ha hecho eso. No es lo mismo volver y escribir lo que recuerdas. Con Thom, todo va directo al cuaderno. Lo que te queda es un momento en el tiempo».
Los que lamentan el ocaso del «período clásico» de Radiohead – de The Bends a OK Computer – tienden a ver estos dos álbumes como dos mitades de una pieza. Obras de arte de fin de milenio que expresan miedo y desnudan el alma, y llevan el rock al siglo XXI. Esta no es una perspectiva compartida por el cantante; según Yorke, el solo ha hecho un álbum sobre ir a Estados Unidos por un año y volverse una «rockola humana». Y cuando lo terminó, no tenía intención de escribir otro.
En lugar de ser simples entradas en un diario musical, OK Computer fue el primer álbum en el que Yorke utilizó efectivamente métodos que aprendió en la escuela de arte. El comentario de un amigo de que sus letras eran «muy directas y dejaban poco a la imaginación» lo preocupó, comenzó a tomar notas. La lista de personajes se hizo más grande; esos «momentos en el tiempo» que mencionó Ed y que quedaron capturados por siempre en las letras de «The Tourist» y «Paranoid Android».
Mientras grababan el álbum, Yorke solicitó ayuda a un viejo amigo de la Universidad de Exeter; Le pidió a Stanley Donwood, a quien rescató de una vida nómade como «músico callejero que escupía fuego», que colabore con el arte de tapa de The Bends. Esta vez, sin embargo, sus instrucciones eran sentarse a escuchar las sesiones para expresar en imágenes lo que escuchaba, y eso se convirtió luego en el arte de tapa – este modo de trabajar en realidad es el que sigue adoptando hasta ahora, con las vistas aéreas conceptuales que adornan Hail to the Thief. Yorke dice que Radiohead simplemente no sería lo mismo sin Donwood. «Suena pretencioso, pero al carajo. Muy frecuentemente me pasa que no sé si [la canción en la que estoy trabajando] es buena. Pero si me muestran algún tipo de representación gráfica de la música, me siento seguro. Hasta ese momento, cualquier cosa puede pasar».
Hay mucha tela para cortar aquí para los que buscan una conexión entre la creciente politización de Yorke y la participación de Donwood en la banda. «Idealista hippy» y «soñador artístico» son dos frases usadas por un amigo de la banda para describirlo. Para su trabajo final en la universidad, Donwood recolectó imágenes de policías atacando manifestantes en las mesas de votación. Simon Shackleton, que tocó con Yorke en Headless Chickens, recuerda su trabajo conjunto. «Ambos estaban muy interesados en diferentes maneras de acción directa. Una vez, ocupamos la oficina del vicerrector de la universidad por varios días. Hicimos muchas pintadas en espacios públicos; pintábamos slogans en calles y poníamos diferentes tipos de señales de tránsito».
«Stanley es una persona difícil de definir», dice Ed O’Brien. «Estuve leyendo la autobiografía de Bill Drummond, 45, y Stanley me resulta similar en diferentes aspectos. Ha impreso muchas historias falsas sobre el lugar donde vive, Bath, y se las vende a los turistas. Sería muy extraño imaginarnos haciendo un álbum y que él no esté ahí».
Lo que parece claro es que, después del reencuentro de Donwood y Yorke en 1994, Radiohead parece representar algo más grande que un montón de canciones de Yorke tocadas por un grupo de amigos. Ambos comenzaron a colaborar estrechamente en el sitio web de la banda y en el merchandising. Ya sea un álbum, una remera o cinco minutos en la web de la banda, cada proyecto parece ser un vehículo para las oscuras visiones de Thom sobre nuestro lugar en el mundo moderno. Por primera vez, Radiohead parecía luchar por algo – aun cuando era una vaga sensación de ansiedad de fin de milenio. Yorke leía la sección de política vorazmente. The State We’re In de Will Hutton y Age of Extremes: The Short Story of the Twentieth Century de Eric Hobsbawm – dos libros que presentan un mundo gobernado no por políticos sino por barones del petróleo y conglomerados multinacionales – lo deslumbraron. Por primera vez, el mundo era como él realmente lo sentía. Todos estábamos yendo al infierno en un carrito de compras. Quizá debería haber ido a casa y pasar más tiempo con la familia. Claramente, una gira de un año por todo el mundo no iba a calmarlo.
Cinco meses después de que OK Computer fue lanzado, lo encontré en Estrasburgo y básicamente se había convertido en una de sus canciones, «haciendo ruido como una heladera … como una radio fuera de sintonia». «La cordura para nosotros se reduce a dormir en el bus de gira en vez de en hoteles. Sientes que tu alma se escapa un poquito más cuando te retiras de un hotel. Pero en períodos de crisis y dificultad, vuelves a apoyarte en las mismas cosas. Terminas bebiendo mucho». Un mes después, después de un show en el Reino Unido, se encontró sin voz. «La gira se había excedido un año en longitud. Fui el primero en cansarse, y seis meses después, nadie se hablaba con nadie. Recuerdo cuando terminó un show en Birmingham. Podía escuchar a la gente hablar, pero no podía responderles – y si alguien me hubiera intentado tocar, lo hubiera estrangulado. Fue bastante feo. Era como pensar ‘¿podemos terminar con esto, por favor?'».
¿Hubo algún sacrificio en particular que hizo para llegar a este punto? En Estrasburgo, la respuesta fue inmediata: «si, mi vida es un desastre. Cuando regreso a casa, tengo todo en todas partes. Llevo unos seis años de cosas que resolver en mi vida que no puedo porque siempre estoy trabajando». A lo que la respuesta obvia sería ¿por qué no te detienes? De acuerdo con un amigo, no se reducía solo a sacarlo de la situación. «Simplemente no sabía cuando parar. Siempre solía llevar cuadernos con él. No creo que haya empezado así, pero al final esos cuadernos se convirtieron en el prisma a través del que veía todo».
«Sin embargo, tienes que desconectarte de vez en cuando», dice Thom». «Leí la autobiografía de Miles Davis y el habla de períodos largos en los que no iba ni cerca de su trabajo. Bien, no puede evitar pensar en eso todo el tiempo, pero no lo está haciendo activamente todo el tiempo – que es lo que yo solía hacer. Y después de la salida de OK Computer, tenía cajones llenos de notas por todos lados. Me la pasaba escribiendo frenéticamente todo el tiempo. Y aunque el 99 por ciento de eso era basura, todo parecía tener mucho significado».
Como fans tratando de entender la dinámica de uno de nuestros grupos favoritos, es tentador pensar que solo aquellos dentro de la banda saben «como es la cosa realmente». Pero como el mismo Yorke dice, «la gente que forma parte de bandas no tiene las conversaciones que otra gente cree que tienen. Lo mejor de estar en una banda son las cosas que no se dicen. Te entiendes en un estudio o en otro lugar y eso es suficiente para sentirte cerca del otro. No hay noches largas de unión en las que revelas tus temores más profundos».
Cuando la gira de OK Computer terminó en 1998, los cinco miembros de Radiohead se readaptaron a la vida doméstica y asumieron que su líder haría lo mismo. En realidad, Thom Yorke volvió a casa y continuó de la misma manera que venía durante la gira: haciendo una crónica de todo lo que veía, pensaba y soñaba.
¿Todo el tiempo?
«Oh, constantemente. Absolutamente todo el tiempo. Estaba fuera de control».
¿Cómo era vivir con vos mismo?
«Tenés que preguntarle a los demás. Varía. Definitivamente no controlas lo que pasa. Podés enojarte muy rápido».
Los períodos sabáticos entre álbumes funcionan más o menos de la misma manera con la mayoría de las bandas. Todos vuelven a casa y el contacto cesa por un tiempo. Después, un día, llega la llamada y hay demos para que el resto de la banda escuche. Así fue como OK Computer y Hail to the Thief nacieron. Pero con Kid A y Amnesiac, no hubo demos de Thom.
Su escritura voraz encontró otra vía de escape; una visita a la web de la banda de esa época proveía de miles de páginas de escritos, cuyo tono recordaba a los torrentes solistas de Syd Barrett. Aunque no tenían firma, sin duda habían nacido del mismo lugar que «Fitter Happier» de OK Computer. Una buena muestra del ánimo general es una pieza llamada «Cavamos en la Carne»: «estoy sentado aquí y siento mi pulso/me pregunto cómo se sentiría si se detiene/escribo una lista de cosas que necesito/cubos de hielo/neil young/pasta de dientes».
En otra, llamada «Para mi propio entretenimiento», escribió «hay un cierto momento en el año/cuando todas las vacas van a la granja/van al matadero, vacas jersey/hacerte sufrir, tienes que hacerles saber/que/la voz/de dios/está de tu lado/ahulla/y les haré evidente que ya no tolerarás eso/de otro modo te harán sufrir cuando hagan una estampida, cuando salgan corriendo gritando y chillando con pánico triste en sus ojos, cuando el ex encargado de la horca venga a guiarlas al rayo eléctrico de exterminio».
Entre estos pasajes, hay citas del Infierno de Dante, de Hidden Agendas de John Pilger’s y una reveladora queja del libro de Miles Davis mencionado antes, donde se pregunta qué es lo que las audiencias quieren de sus artistas: «me han convertido en una estrella, y la gente venía solo para verme, para ver qué iba a hacer, qué tenía puesto, si iba a decir algo o maldeciría a alguien, como si fuera un fenómeno en una jaula de cristal en el maldito zoológico … eso si que era deprimente». No era el contenido lo que te alarmaba, o la cantidad de noches en vela que habrán requerido estos pasajes, sino la decisión de publicarlos en la internet para que sus fans lo vieran.
El lider de R.E.M. estaba entre esos fans. Michael Stipe y Yorke ya eran amigos desde la gira que compartieron en 1995: «Ya habíamos tenido muchas conversaciones en realidad», recuerda Yorke. «Al comienzo, creo que solo trataba de que no enloqueciera. Me decía cosas como ‘está bien. Estas cosas le han pasado a otros y hay una razón para eso». Cuando Stipe vio lo que Yorke estaba publicando, se puso en contacto inmediatamente. Thom rememora el intercambio: «Stipey pensó que estaba loco», se ríe. «Lo mencionó y me preguntó cómo podía hacer eso. Vas a terminar revelando todo. Pero en ese momento tenía sentido. Era una conclusión lógica de lo aprendido en la escuela de arte. En Exeter, teníamos la regla de que cuando hicieras una exhibición, tenías que dejar tus cuadernos de notas a la vista – y yo preparé una donde solo mostré los cuadernos y ninguna obra. Los fotocopié. Eran todas ideas que no podía llevar a cabo porque no tenía el equipo de video necesario».
Ciertos precedentes vienen a la mente en el mundo del rock; Richey Edwards es el más obvio. Aunque es un personaje más combativo que el fatalista miembro de Manic Street Preachers, la producción prodigiosa – sumada a la compulsión de citar fragmentos bastante esclarecedores de otros textos clave – era una caracerística común a ambos. En el libro Depression and How to Survive It de Spike Milligan y del Dr. Anthony Clare (1994), el cómico y el doctor intentan establecer un vínculo entre la depresión y la creatividad. Clare cita un estudio de escritores británicos destacados y artistas llevado a cabo por los psicólogos J.P. Guilford, en el que «se intentó establecer si es que había alguna asociación … entre ciertos aspectos de la depresión maníaca (entre los que se destacan el ánimo intensificado, la fluidez al hablar, la aceleración de los pensamientos) y la producción creativa. De los 47 individuos estudiados, casi todos reportaron experimentar episodios intensos de creatividad, cuya duración variaba entre 24 horas y más de un mes. Estos episodios estaban caracterizados por un aumento de energía, entusiasmo, fluidez de pensamientos y una sensación de bienestar».
El término más común para esos episodios es hipomanía. Cuando alguien está en este estado, puede que no luzcan deprimidos. De hecho, el mundo parece tener más sentido para ellos de lo que ha tenido antes. Guilford señala que el rol de la hipomanía en el proceso creativo haciendo pie en dos términos: «flexibilidad espontánea (la habilidad de producir una variedad de ideas y de cambiar de un interés a otro) y flexibilidad adaptativa (la habilidad de desarrollar ideas o soluciones inusuales)». Anthony Clare agrega «hay más que una sugerencia que pueden acentuarse o facilitarse por el estímulo de procesos cognitivos y picos en la energía mental típicos de la hipomanía». En un caso extremo, una hipomanía puede precipitar una depresión que puede – aunque no fue el caso de Thom – resultar en una paranoia esquizofrénica. Thom se muestra sorprendido cuando escucha la palabra. «Hipomanía. Si, eso es exactamente lo que fue. Y después tuve un período de depresión profunda».
Pasaron dos años hasta que Thom descubrió, a través del libro de Clare y Milligan, que su actividad tenía un nombre y que además era común entre la gente creativa. Mientras tanto, decidió que si debía hacer soportable su estadía en Radiohead, tenían que cambiar la forma en la que trabajaban. El Thom Yorke que ingresó al estudio para las sesiones de Kid A/Amnesiac era una contradicción andante: por un lado, revelando sus escritos hipomaníacos al público (aunque nadie fuera del círculo de fans dio con ellos, irónicamente); por otro, desesperado por desechar el rol que sentía lo hizo tan vulnerable.
Philip Selway comentó que «eso fue en gran parte lo que lo motivó a reinventar [a la banda]. Quería encontrar una manera de ocultar su voz, o al menos que no sea el foco de la banda». ¿Se trataba de un vestigio de autopreservación activándose? En la página web, donde no era probable que sus fans lo juzguen, parecía feliz de revelar el grado de su inestabilidad. Quizá hasta cierto punto, sabía que si hacía los mismos álbumes, la reacción solo podría destruirlo. Si la idea era convertir a Radiohead en un caballo de Troya para su neurosis, Thom encontró en Jonny un aliado indispensable. Después de varios años de ser reconocido como el guitarrista genio de la banda, Greenwood – pianista y violinista educado formalmente – estaba cansado del funcionamiento clásico de Yorke. Como dice Yorke, citando a Greenwood, «hay tanta música rock que tiene valor que nos da nauseas. Es nostalgia, pura y simple».
Hasta este punto, los colegas de Yorke no habían sido afectados por sus intentos de reconciliar lo que hacía con lo que era. De aquí en más, los efectos iban a irradiar hacia fuera de Yorke y hacia la banda.

Ed O’Brien es fácilmente identificable como el tipo alto y lindo de Radiohead. Lo que falta en el apretón de manos débil de Thom Yorke es compensado en el firme apretón de Ed. Su equipo es el Manchester United – aunque como recientemente se mudó a Londres, su interés se acercó al Arsenal. En contraste con los hermanos Greenwood – quienes tienen departamentos en Primrose Hill – Ed eligió rodearse de los negocios turcos de kebab. Recuerda meterse en problemas en la escuela de varones de Abingdon después de un breve período a los 14 años en el que se desempeñó como proveedor de pornografía para los alumnos de sexto grado. «Fue solo un forma de caerles mejor. O sea, era el único en tercer año que podía alcanzar los estantes de revistas pornográficas. Las compraba y se las prestaba a los mayores. Pero un día, uno dejó una revista en su cama y me llamaron para explicar la situación. Mis padres estaban divorciados, así que tuve que explicarles por separado. Recuerdo la decepción de mi mamá, pero a la semana siguiente le conté a mi papá y me dijo ‘¡ese es mi chico!'».
Es difícil imaginar una historia así con los demás miembros de la banda como personajes. Es muy querible, y más aun cuando habla de la depresión de 1999 y 2000 con total franqueza. «Uno carga con sus cosas, y eso es el problema. Y personalmente, sentir que no era parte de la sesión … pues si, levantaré la mano y diré que eso me deprimió mucho».
Colin Greenwood está de acuerdo. Cuando fue evidente que Thom quería trabajar en unidades pequeñas – básicamente, él y Jonny en un cuarto y los otros tres en otro, esperando instrucciones – tuvo sus miedos. «Es casi desastroso cuando las bandas componen en el estudio ¿no? Usualmente coincide con un período de uso de cocaína. Alguien decide que este es el momento de hacer un gran álbum de estudio y todo se convierte en un arca creativa. Nosotros trabajamos en cosas paralelas. El problema era que no estábamos tomando cocaína, así que no teníamos la confianza necesaria para saber si alguna de las dos era buena».
Los hechos han quedado en la biografía de la banda. Los fragmentos de algunas canciones fueron unidas detalladamente usando equipo que Radiohead estaba aprendiendo a usar sobre la marcha. Trescientos setenta y tres días pasaron desde la concepción a la finalización de «Knives Out», una canción bonita, con influencias de The Smiths, que apareció en Amnesiac. Ed O’Brien se sentía tan al margen de la actividad en el estudio que comenzó a llevar un diario en linea, enfatizando la aparente disolución de la banda.
Sin un plan claro, todo parecía una buena idea. Una noche miraron un documental sobre la historia del hip hop en Channel Four después de todo un día de grabación. Thom prestó atención al método en el que Public Enemy grabó Yo! Bum Rush The Show y decidió que no había razones para que Radiohead no haga lo mismo. «Grababan durante unos 50 minutos, editaban los segmentos que estaban buenos y convertían eso en una canción».
Si alguna vez una banda pareció estar perdida en un mar de posibilidades…
Colin: «estábamos aferrándonos a la nada»
Ed: «Si, definitivamente. Por un lado, no me importaba mucho no tocar una sola nota en todo el álbum. Pasaba por Radiohead, no por mí – y lo que sea que hiciéramos. Pero al mismo tiempo, no quería que sea algo hecho en una computadora. Eso no es Radiohead».
Colin: «era frecuente llegar al estudio y esperar a que te digan qué hacer después, y no hacer nada, y después volver a casa. Todos los días. Por semanas. Es muy desmotivador». «Hubo varias broncas grandes», recuerda Philip, cuyo segundo hijo había nacido recientemente. «Esa tensión del estudio sin dudas también se veia en casa. Es por eso que las cosas no podían seguir así».
¿Hubo algún punto en el que alguien preguntó ¿me puedo ir? Es destacable la longitud de la risa nerviosa de Philip y Ed. «No, nunca llegó a ese punto».
Colin: «ehm, ehm. Teníamos una especie de obligación de estar a mano, que probablemente no era necesario. Por momentos, sentímos que fueron dos años de leer intensamente un manual; te sentías como un encargado que le habían quitado poder en una, no sé, zapatería y que tus jefes estaban tratando de sacarte de la ecuación. Vienen y te dicen que te trasladan a Tokio y tienes que aprender japonés en una semana, o serás despedido. Y estás en el curso de idiomas y no tienes la mínima chance, pero lo intentas».
Más tarde, cuando le cuento esto a Thom, se larga a reir. Finalmente, cuando vuelve en si, dice «debería agregar que también hubo días muy buenos». Menciona como ejemplo la finalización de «Everything In Its Right Place»; cuando instruyó a un cuarteto de vientos que quería que sonaran como el tránsito en «The National Anthem»; y cuando «vieron una tormenta enorme que se acercaba en el valle».
A pesar de esto, no podés dejar de preguntarte si su experiencia durante las sesiones es diferente a la de sus colegas. Si tienes una naturaleza obsesiva, el estudio es el mejor lugar para ocultarla. Admite que se hubiera quedado ahí por siempre. «Fue Jonny el que apuró el cierre». «Thom simplemente no podía dejar el material en paz», agrega un allegado a la banda.
Entre los murmullos elípticos y la electrónica infantil de Kid A y Amnesiac, una línea de «Optimistic» parece resaltar por su angustia: «podés intentarlo lo mejor que puedas/lo mejor que puedas es suficientemente bueno» – eso fue un poco de reafirmación que Rachel le dio a Thom cuando sentía que «nada hecho era digno de lanzarse».
«Al final, tuvieron que arreglárselas con lo que tenían», señala Chris Hufford.

de vuelta al presente…

Conducir hasta el pueblo donde viven Colin Greenwood y su esposa Molly durante una noche de verano resulta hermoso. No es, en realidad, un pueblo en si. Solo hay una venta de autos y el Harcourt Arms – un pub emplazado entre jardines con construcciones de fibra de vidrio para que jueguen los niños. Una de ellas es un árbol. Si te metieras en él, podrías hacer una versión de bajo presupuesto del video de «There There», en el que una especie de hechizo del bosque hace que a Thom le crezcan raíces.
Es el día de lanzamiento de Hail to the Thief, y Colin está dando hoy una fiesta desde la que Steve Lamacq transmitirá en vivo. La reunión también marca el cumpleaños 50 del manager de la banda, Bryce Edge. Todos están aquí, inclusive Stanley Donwood – su cabeza rosada es la prueba de tres días pasados en el Festival de la Sidra de Bath. Jonny, padre hace seis meses, controla su teléfono constantemente en caso de que la niñera llame. Habla sin parar de la curva de aprendizaje que fue convertirse en padre. Sobre el escenario, sus ojos están cubiertos por ese flequillo espeso pero cuando le hablas, te das cuenta de que comparte con su hermano mayor una mirada llena de deseo que te dan ganas de cuidarlo.
La casa es genial – modernismo de los 60 en medio de un bosque fértil y espacios verdes riquísimos. En el living principal hay un palco que aloja un piano vertical y la colección de discos de Greenwood: Kraftwerk, Weather Report, varios discos de 7 pulgadas de post-rock y un compilado de canciones indígenas de pesca británicas que le dio Mark Linkous de Sparklehorse. Justo abajo, Steve Lamacq está entrevistando a Ed en la que el guitarrista se queja de lo poco que valen los éxitos musicales en estos tiempos. «O sea, Westlife tuvo 10 números 1 de corrido, pero no puedo tararear un solo tema de ellos. Seguro sueno como un viejo de mierda, ¿no?». Rodeado de amigos muy entretenidos en el sofá, Yorke asiente con la cabeza con tanto vigor que todo su cuerpo se mueve. Lejos del bullicio, un sendero de madera conduce a un pequeño huerto y a una gruta iluminada por velas. Oculto entre los árboles al final hay un pozo rectangular hundido que, esta noche, será el escenario para una fogata. Yorke trata de poner en palabras algo que ha sido evidente durante el tiempo que Mojo pasó con ellos. Hay una dedicatoria muy emocional a Spike Milligan en el librillo que acompaña Hail to the Thief – dice Thom que es «porque su libro me ayudó a entender lo que estaba pasando. De cierta forma, tuve suerte de que [su depresión] termine en algo productivo; para muchos [que no hacen música] es solo depresión y no tienes más nada que decir.
También me enseñó mucho sobre la naturaleza de lo que creas. Cuando estoy componiendo, creo que todo lo que hago es malo. Y eso se está relacionado con el hecho de que no es mio. Lo destruyo porque todavía tengo que identificar de dónde viene eso. Es como una tabla de Ouija, pero hoy en dia trato de tener una visión más positiva de este impulso. Que, por cierto, es lo que Michael [Stipe] me ha estado diciendo hace mucho. Tenés que aprender a parar un momento. No podés estar enchufado a esto las 24 horas».
«Lo que hacemos es muy particular», dijo Stipe hace poco a Time Magazine. «Es diferente a tocar la guitarra, actuar o pintar, y Thom necesitaba que alguien que pasó por eso lo haga bajar a la tierra nuevamente y repetir lo obvio – básicamente que no podés comprar la imagen que venden de vos. Su material explora aspectos oscuros de vivir en este planeta, y la gente proyecta eso en vos. Es todo un trabajo no hacer eso».
Una cosa es, claro, saber cual es el problema, pero otro diferente es usar ese saber. Los amigos de Yorke recurren unánimes a una explicación más práctica de la estabilidad emocional del cantante. Poco antes de la salida de Amnesiac, la pareja de Yorke dio a luz a un niño; ese cambio, según Philip Selway, le permitió a Thom «dejar ir las cosas de una manera en la que no había podido hacerlo antes. Simplemente desapareces en ti mismo. Hay simplemente mucho para hacer».
Radiohead quizá haga un álbum mejor a Hail to the Thief, pero es difícil imaginar una representación más acabada del hombre que lo escribió. Es un álbum en el que los Thoms de la escuela de arte, el padre, el paranoico y el del fin del mundo encontraron una forma de ocupar el espacio sin quitárselo al resto de la banda.
Ed O’Brien está aliviado. Dice que sabía que Radiohead había vuelto a ser «una cosa inclusiva en lugar de exclusiva» cuando el cadete llegó con los demos. «Fuimos al estudio con las canciones ya armadas». Nigel Godrich los convenció de ir a Los Angeles por dos semanas después de una serie de shows; después de algunos intentos fallidos, tal como les pasó hasta que pudieron terminar The Bends.
En el rock, hay una lista de artistas que han tenido hijos y después hicieron álbumes bastante flojos: Tupelo Honey de Van Morrison, Double Fantasy de John Lennon y Alone With Everybody de Richard Ashcroft son solo tres ejemplos. No es el caso de Yorke. Su fijación con el apocalipsis data de los 80s, cuando a los 11 años compuso su primera canción, «Mushroom Cloud». Que haya elegido el nombre Noah para su hijo, dos décadas después, es una prueba de que la fijación sigue ahí. Esta noche, cuando Lamacq convence a Thom de tocar algo en el piano de Colin, elije «Sail to the Moon». Cuando el sonido levemente amplificado del vibrato de Yorke comienza a quebrarse durante las lineas «quizá te conviertas en presidente/pero distingue el bien del mal/o en una inundación/construirás un arca/y nos llevarás navegando a la luna», la multitud de a poco deja de hablar y queda en silencio. Cuando termina, un Colin visiblemente emocionado se acerca y lo abraza como si fuera otro fan de Radiohead. En ese momento, te das cuenta de que posiblemente Yorke sea el único cantautor del mundo que puede representar a su hijo de dos años como el salvador de nuestro condenado mundo sin que te den ganas de vomitar.
«No entiendo por qué la gente ya no está asustada de la misma forma que estaba cuando yo era pequeño», explica el cantante. «Básicamente, nada ha cambiado. Fuimos la primera generación en vivir con la bomba; sabíamos que cualquier día, algún loco podía apretar el botón y todo terminaría. La guerra fría puede haber terminado, pero las cosas se han puesto peores, porque ambas partes creen que Dios está de su lado».
Hay poco material explícitamente político en Hail to the Thief. De hecho, hay poco material explícito en el álbum, punto. Y al mismo tiempo, el clima de incertidumbre política global permea cada nota. Más que calmar la música de Radiohead, la paternidad le permitió a Thom establecer una conexión directa entre «el terror ciego perpetrado por maniáticos» y el futuro de sus hijos. En la medida en que ha justificado su paranoia, convertirse en padre en estos tiempos complicados fue lo mejor que le pudo pasar a Yorke: «alguien me dio una cinta hace unos años. Era una grabación de una entrevista con John Coltrane, y decía ‘me metí en la política un tiempo y después decidí canalizarlo a través de mi saxo porque, a fin de cuentas, era el mejor lugar para eso. Todo lo demás era horrible…'».
Mientras escribía estas canciones, Yorke agarraba el auto y salía a manejar varias horas a través del campo, escuchando Radio 4 de la BBC durante las semanas que siguieron al 11 de Septiembre, memorizando frases y mezclándolas con otras ideas a medio formar e «imágenes que parecían encajar con el ánimo actual». Antes de que se diera cuenta qué significaban, dejó de lado sus escritos para no volver a ellos – algo que, dice, no se sentía capaz de hacer durante sus años obsesivos. «Un par de semanas después, volvía sobre lo que tenía y todo tenía sentido para mi». «The Gloaming», dice, es sobre el surgimiento de la derecha extrema. Fragmentos de historias de chicos – Chicken Licken y The Boney King of Nowhere de Bagpuss – enfatizan el sentido de irrealidad.
¿Y qué pasó con los desquiciados escritos en la web de hace algunos años? Algunos se encuentran en las letras. Hay fragmentos de algo llamado «She Ate Me Up for Breakfast» en «Myxomatosis». Dos canciones – «Everything in its Right Place» de Kid A y «Where I End and You Begin» tienen partes de algo llamado «The Ashes of The Gap In Between You and Me»: «él era un buen hombre, decían/era un caballero, decían/incluso cuando la vida le dio la espalda/puso todo en su lugar».
Cuando Lamacq lo llevó engañado al piano nuevamente para un segundo tema, «Everything in its Right Place» fue la elección. La interpretación tiene una fluidez y soltura que parece estar años luz de la producción rígida de Kid A. A falta de una descripción menos trillada, tiene onda. Para cuando termina, pasaron cinco minutos de la medianoche. La decisión de tocar un segundo tema ha retrasado las noticias; desciende las escaleras entre aplausos.
Una última conversación antes de que se prepare para irse. Parece apropiado destacar la falacia de que Kid A y Amnesiac no tenían melodías, después de escucharlo tocar el piano. Hay un poco de enojo en su respuesta: «¿sabés qué? No me molesta más, porque no leo nada de eso».
Algunas críticas de Hail to the Thief sugirieron que ha pasado tanto desde que Radiohead hizo un álbum normal que ya se olvidaron cómo hacerlo. «Pues, eso es lo que dirán ¿no? No fue su idea, ¿o sí? A fin de cuentas, es curioso porque recuerdo bien cuando salió OK Computer que había gente diciendo ‘si, pero no es The Bends ¿no? tiene todas estas cosas extrañas'». Su voz se transforma en un chillido arrogante «‘¿por qué están haciendo esto? ¿por qué no pueden ser normales?’ Al carajo. Es nostalgia. Es como decirle a un pintor cómo pintar. No es problema mío».

¿Cómo se equilibrará el Radiohead clásico con el experimental cuando se presenten en Glastonbury este año? Los planes de Yorke para el festival sugieren que no hay mucho de qué preocuparse. Quizá haya que trabajar un poco, pero ha dejado espacio en la agenda para que la familia Yorke disfrute del fin de semana en el festival. «Es algo que debería haber hecho hace años», reconoce, «pero ahora con Noah será mucho mejor. Creo que la pasará muy bien».
¿Cuál es, entonces, el plan? ¿Cerrar el escenario principal el sábado y llevar a los chicos al área de niños el domingo?
«¿Hay un área para niños? ¿cosas para escalar? Dios, tengo que mantenerlo alejado de eso. Le gusta saltar en cosas ¿hay de eso? ¿Una biblioteca? Wow, le encanta leer. Especialmente antes de dormir. Siempre elige un libro – generalmente The Cat in the Hat – y se sienta a leer en la cama. Después se duerme leyéndolo».
Han pasado seis años desde la última presentación de Radiohead en Glastonbury – un show que, según Colin Greenwood «era el equivalente a una fiesta en tu honor sin importar si vos crees que lo merecés. Todos parecían haber decidido que OK Computer iba a ser un gran álbum. Recién había salido, pero se sentía así. Y durante mucho tiempo pensamos que lo habíamos cagado completamente».
Si estuviste ahí, recordarás el show como el momento en el que el barro dejó de importar. Por primera – y quizá última – vez en la carrera de Radiohead, hicieron lo correcto en el momento indicado. La teatralidad de canciones como «Subterranean Homesick Alien», «Paranoid Android» y «Exit Music (for a film)» los catapultó cómodamente a las ligas mayores. Sin embargo, Yorke estaba enloqueciendo sobre el escenario. «Recién al final, Rachel me dice ‘si te pareció una pesadilla ¡mirá a la gente!’ y me muestra el monitor de TV .. pero ya casi había terminado». «No podía escucharse a sí mismo», explica O’Brien, «y como las luces estaban justo sobre nosotros, no podíamos ver al público. Era como estar en el vacío. No teníamos idea de qué estaba pasando». Finalmente, el enojo de Yorke lo sobrepasó y, como dice O’Brien, «nació un eslabón del folklore de Glastonbury. Es uno de los mejores momentos televisados de alguien maldiciendo en público, ¿no?», se ríe. «‘¡Enciende las putas luces!’ está al nivel de ‘dame el puto dinero’ de Bob Geldof en Live Aid. Tenés que reconocerlo, Thom maldice muy bien».
Esta es una alusión al momento en el que, promediando el show, Thom mira a la consola de iluminación y dice «Tengo una idea. Hey Andy, ¿recuerdas lo que hicimos la última vez?» Pero esta vez, Thom ve perfectamente al público, hasta la cima de la colina. Unas cuantas llamas iluminan el valle lo suficiente como para apreciar el tamaño de la multitud que se reunió para ver a Radiohead. Como prometió, se quedó todo el fin de semana. Los planes iniciales de acampar en Tipi Field han sido abandonados porque le instalaron una carpa en el jardín de Michael Eavis. Desde aquí, se llega fácil al espacio para niños – «entrada: gratis para niños, una sonrisa para los adultos» – y allí, un hombre llamado Bodger y su perro adicto al puré de papas Badger divierten a los visitantes. La mejor manera de relajarse antes de entretener a 80 mil personas es mezclarte con ellos. Bueno, esa es la teoría, pero para cuando Thom y Noah llegan a la disco para niños, el DJ torpemente refiere a su presencia cambiando «The Wheels on the Bus» y «Eh-Oh! It’s the Teletubbies» por «Planet Telex». Un niño inmediatamente se larga a llorar, el resto corre a sus padres, y Yorke y su hijo se refugian en el anonimato relativo de un escalador.
La sabiduría popular no ve bien regresar al escenario de victorias anteriores, pero Yorke tiene el aire de un hombre que finalmente puede aceptar las cosas buenas que el mundo tiene para ofrecerle. Quizá por eso la presentación de Radiohead de esa noche es tan emotiva. En «Karma Police», Yorke bebe cada nota como si fueran las primeras gotas de agua en semanas. Le gusta recordarle a la gente que esta fantasía de retribución nunca fue pensada para ser tomada en serio; eso queda plasmado en la frase final, que siempre llama a cantar al unísono: «phew, por un momento me perdí». Pero los significados, a diferencia de las notas y palabras, pueden cambiar a lo largo del tiempo y – sin notarlo – dotar de poesía los momentos más inesperados. Cuando la canción termina y Thom regresa para cantar esa linea a capella, simplemente para perderse nuevamente, no te queda opción más que perderte con él. Lo que están haciendo tres miembros de R.E.M. al costado del escenario. Hace veinte años, Thom compró el primer disco de la banda, Murmur, y decidió que ese era el estilo de banda que quería encabezar. Esta noche, le dedica «Lucky» a sus heroes – ahora mentores – con una mirada que sugiere que esta es la mejor noche de su vida.
Ese equilibro entre lo clásico y lo experimental es lo único complicado del fin de semana. A los cinco segundos de comenzar «Everything in its Right Place», comienza una catarata de vitoreos. No puede mantenerse serio durante la canción por su propia voz, digitalizada, repitiendo «hash for cash». Sin demasiadas sonrisas transcurren los beats llenos de pánico de «Idioteque» y «The Gloaming», y la oscuridad de sus palabras lo consume. Con el desborde percusivo de «Sit Down.Stand Up» alcanza nuevos niveles de catársis y nos recuerda a los monjes Sufi cuando intentan canalizar la energía divina girando sin control. En este caso, claro, la energía está lejos de la divinidad: es el tipo de energía no te deja dormir y hace que te comas las uñas. Es el miedo intangible que siente el hombre pequeño tratando de hacer el bien; la sospecha de que, en el último análisis, el policía del karma sea eliminado por fuerzas menos liberales. O peor aun, que no haya existido jamás.
Entonces, ¿que nos dice sobre el momento actual que un compositor que usa miedo, paranoia y presentimientos como musas – Mother Shipton encerrada en el cuerpo de Ian Curtis – sea objeto de tanta devoción? Nos dice que su verdad es igual a la nuestra; que nos entiende tanto como lo entendemos nosotros. Estos tiempos han visto una extrañez sin precedentes: hemos visto la infeliz invención de la guerra preventiva; lo más cerca que el gobierno británico ha tenido a una oposición es la BBC; el liberalismo estadounidense es visto como falta de patriotismo; y lo único que puede hacer alguien que se preocupa es firmar un sinnúmero de petitorios, esperando que alguien en algún lugar actué en favor del bien común para hacer del mundo un mejor lugar.
En 2003, la locura de Thom Yorke no parece tan grande después de todo.

Texto original por Peter Paphides.
Publicado por Mojo Magazine, en Agosto 2003.

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