Colores en mi cabeza – la producción de Kid A y Amnesiac

Publicado por Record Collector Magazine, el 11 de Agosto de 2013.

Muchos fans creen que es el mejor álbum del siglo 21. Pero la creación de Kid A y su hermano Amnesiac estuvo cargada de dificultades. Tom Seabrook descubrió como Radiohead puso eventualmente todo en su respectivo lugar.

Dublin, Irlanda, 20 de Junio de 1997. Cuatro días después del lanzamiento de OK Computer y una semana antes de la presentación histórica en Glastonbury, Radiohead se prepara para uno de los shows más grandes de su carrera hasta ahora en el RDS Arena. Debería ser un momento punto cúlmine – la celebración de un álbum que ya se considera un clásico modeno – pero para algunos miembros de la banda, particularmente Thom Yorke, el peso de las expectativas ya se siente.

En el curso del próximo año, Yorke y compañia se habrán acercado peligrosamente – no por primera ni última vez – a volverse locos debido al peso de viajar constantemente, tocar en vivo y responder un montón de preguntas diariamente sobre cómo se siente ser los salvadores del rock…y si hablaron o no con Calvin Klein en el show de anoche. Por ahora, Thom se aferra al mantra que Michael Stipe, su confidente cercano y el lider de R.E.M., le aconsejó: “no estoy aquí y esto no está sucediendo”

Esta es la historia de cómo Radiohead casi desaparece completamente – y luego regresa con el mejor álbum del siglo XXI.

Para cuando la gira Against Demons llegó a su fin en Abril de 1998, después de 11 meses y 105 shows, Radiohead estaba al borde: hartos de cómo sonaban, de sus canciones, de ellos mismos. Yorke posteriormente comentaba que el documental Meeting People is Easy de Grant Gee debería ser una advertencia para las bandas jóvenes que aspiraban al nivel de éxito de Radiohead; inclusive Ed O’Brien, siempre cauto y calmo, comentó que la gira los convirtió en esta especie de “no humano”.

“Terminé en un lugar donde no quería estar”, le dijo Yorke a Gijsbert Kamer de la estación danesa 3VOOR12. “No me reconocía a mí mismo, y no estaba interesado en lo que suponía habíamos logrado”. Después de un año completo tocando canciones elaboradas como “Let Down” y “Paranoid Android”, Radiohead no tenía interés en hacer o salir de gira nunca más con un álbum exactamente igual. No ayudó que un montón de bandas cuyas piedras fundamentales eran The Bends o Grace de Jeff Buckley comenzaron a aparecer. “Después de la gira de OK Computer sentimos que teníamos que cambiar todo”, recuerda Colin Greenwood. “Había otras bandas de guitarra que estaban tratando de hacer lo mismo. Teníamos que seguir adelante”.

También necesitaban un descanso. Yorke – que casi sufre un colapso durante la gira – pasó mucho de su tiempo libre paralizado por una especie de stress post-traumático y le costaba mucho terminar una idea. “Cada vez que agarraba la guitarra sentía pánico”, admitió en 2000. “Comenzaba a escribir algo, me detenía a los cuatro compases, la escondía en un cajón”. Posteriormente, consideró que esto era un bloqueo de escritor, pero pareciera que era exactamente lo contrario ya que las palabras fluían pero en largas e inentendibles listas. Los fans, eventualmente, estudiaban detenidamente cada página con palabras que el cantante subió al intricado sitio web de la banda, de las que quizá solo una frase pequeña sería usada.

El mayor obstáculo fue su voz. Las melodías, dijo, se habían convertido en una vergüenza. Al volver a casa, compró el catálogo completo de Warp y comenzó a sumergirse en la obra electrónica y fracturada de Aphex Twin, LFO y Autechre. Algunos no creen que esto haya sido simplemente unirse a la manada sino el regreso a un amor. En sus años en la universidad, Thom había formado parte de un grupo electrónico llamado Flickernoise y tenía amor suficiente tanto para el tecno como para The Smiths. Ahora, comenzaba a preguntarse si Radiohead no había tomado el camino equivocado – quizá en lugar de reinventar el rock, deberían haber intentado hacer algo como el álbum Richard D James [Aphex Twin].

Radiohead volvió al estudio el 3 de Febrero de 1999, dos meses después de presentarse en vivo por única vez en el Palais Omnisports de Paris-Bercy, en el marco de un concierto organizado por Amnesty International para celebrar los 50 años de la Declaración de Derechos Humanos. Cualquiera que haya esperado verlos bronceados y frescos se llevó una decepción; Radiohead, siendo ellos mismos, habían pasado un mes en Paris llenos de dudas y tensiones no verbalizadas que no se resolverían hasta el año siguiente.

Thom todavía sufría las réplicas de la era OK Computer y encontraba difícil explicarle a la banda cómo quería que sonara el nuevo álbum de la banda. En el pasado, él traía canciones – palabras, acordes, todo – y los demás trabajaban sobre eso, ideando arreglos intrincados y detallados que hicieron las delicias de la crítica. Esta vez, el punto de partida fue menos preciso – tan solo un montón de ideas sin terminar y una lista de álbumes que Yorke esperaba indicaran a sus compañeros hacia donde quería ir. El problema fue que, al mostrarles una batería preprogramada en su Roland MC-505 o un fragmento de un tema de Tri Repetae de Autechre, los demás solo se preguntaban qué podían aportar. Era música aislada y autónoma, hecha en soledad en garages y cuartos, no por un grupo de amigos que se conocen desde la secundaria. Philip Selway, Colin Greenwood y Ed O’Brien no podían parar de preguntarse – haciendo eco de una vieja canción – qué estoy haciendo aquí?

O’Brien, acostumbrado a trabajar “más con el corazón que con el cerebro”, no encontró muchos puntos de apoyo en las secuencias y loops de Yorke. Ni siquiera Jonny Greenwood, el multiinstrumentista de la banda, tenía sus reservas sobre el cambio abrupto en la dirección. “Mucho de lo que editó Warp no me gusta”, le dijo a Nick Kent. “Es realmente frío. Pero eso era exactamente lo que quería Thom: no había emociones detrás de eso”.

Después de un difícil mes en París, Radiohead se mudó a Medley Studios en Copenhague; nuevamente, las dos semanas no fueron más que comienzos en falso y recriminaciones. O’Brien admite que fue “un momento bastante horroroso”, y que al finalizar tenían docenas de carretes de cinta sin una sola canción terminada. En Abril, decidieron comenzar de nuevo, en un lugar más cercano a casa: Batsford Park, una mansión del siglo 17 en Cotswolds, donde se quedarían hasta el verano. Pero aunque estas sesiones fueron esporádicamente productivas, estaban ciertamente desenfocados. En un momento, Thom puso un pizarrón con una lista de posibles temas para el próximo álbum – aproximadamente 60 títulos, variando entre canciones bien armadas, como por ejemplo “Knives Out”, hasta borradores coherentes que incluían cosas que los demás no habían escuchado. O’Brien se preguntaba si Yorke no disfrutaba “con satisfacción perversa” agregar más cosas a la lista; Philip Selway, que se sentía cada vez más dejado de lado, se desanimaba al ver la extensa lista.

Hubo momentos de inspiración, también. Durante la primavera, Yorke compró un piano pequeño y pronto escribió dos canciones que funcionarían de faros: “Everything in its Right Place” y “Pyramid Song”. Al ser grabadas, recibieron distintos enfoques: una es desafiantemente electrónica y la otra acústica y enaltecida; desde el punto de vista de la composición son bastante similares. Las dos están basadas en una progresión ascendente de tres acordes en una clave mayor, con una sola nota repetida de fondo a lo largo de la canción. “Soy pésimo tocando el piano, así que todo fue una novedad”, le dijo Yorke a Gijsbert Kamer. “Mientras menos sabes sobre un instrumento, más te inspira”.

En Junio, Thom y Jonny hicieron su primera aparición pública del año con un set de seis canciones en Amsterdam para el Free Tibet 99, una especie de Live Aid independiente que se llevó a cabo en cuatro continentes en simultáneo. Yorke abrió el set con una versión en piano de “Pyramid Song” – conocida como “Nothing to Fear” – que sonaba tan despojada como algo de Mark Hollis y no mucho como el Radiohead de antes. Jonny subió después y tocaron una serie de canciones viejas y un cover, al parecer espontáneo, de “I’ll Wear it Proudly” de Elvis Costello.

El mes siguiente, la banda inició otra forma de contacto pública. Ed O’Brien comenzó a llevar un diario de las sesiones de grabación en el sitio web de la banda. El primero de sus reportes, el 22 de Julio de 1999, comienza con una una frase que no resultó ser indicativa de lo que realmente pasaba, teniendo en cuenta cuánto demoraron en redefinir su sonido: “Thom llegó y nos mostró una canción nueva en guitarra acústica”. En las semanas y meses posteriores, iría revelando los pormenores del funcionamiento interno de la banda y de las idas y venidas de la eficiencia y confianza en sí mismos de la banda. Había temores de estar entrando “en el territorio de Stone Roses”, y también reportes de pasar semanas “tirando mierda” sobre canciones como “Say the Word” [“Worrywort”], “Cuttooth”, y “I Will”. “Sonaba muy bien ayer, no sé qué pasó hoy”, dice en un fragmento sobre “You and Whose Army?”. Con el pasar de las semanas, resultó evidente que lo que hicieron en el pasado – componer, hacer arreglos y después grabar la mejor versión posible en un contexto en vivo o de banda – ya no era suficiente. “Teníamos la sensación de que a menos que cambiáramos el enfoque, solo seríamos una parodia de nosotros mismos”.

Y después, la epifanía. Mirando juntos el documental de tres partes de Channel The Hip Hop Years, la banda prestó atención a la descripción del productor Hank Schoklee del proceso de creación de It Takes A Nation of Millions to Hold us Back de Public Enemy: “Chuck estaba en una de las bandejas, Eric en la máquina de ritmos, llenando los espacios, y yo en uno de los samplers… era solo ruido. Pero grabábamos todo y en algún punto de la cinta después encontraríamos una parte que era una locura – y eso es lo que se transformaría en la base de una canción”.

El método no era tan diferente al que usaban dos de las bandas favoritas de Radiohead, Can y Talking Heads. Remain in Light de la última seguí inspirando a Radiohead. “Cuando hicieron ese álbum, no tenían canciones propiamente dichas”, le comentó Yorke a The Wire; “Byrne tenía un montón de hojas que pasaba sin cesar, y también elegía cosas al azar y agregaba otras en el momento. Así es exactamente como encaramos Kid A”.

Esta nueva forna de trabajo resultó bastante fructífera hacia fines de ese año, cuando la banda pasó varias semanas trabajando exclusivamente con herramientas electrónicas. Uno de los resultados fue “Idioteque”, la incursión apocalíptica dentro del género 2-step en medio de la segunda mitad de Kid A. Comenzó cono un experimento basado en samples de los hermanos Greenwood, usando elementos de dos canciones que encontraron en un álbum de los 70s llamado Electronic Music Winners. Uno de ellos era de una pieza de Paul Lansky, profesor de la Universidad de Princeton. “Jonny encontró un LP con “Mild Und Leise” en un negocio de segunda mano cuando estaban de gira en los 90 y lo usó como parte de una sesión de improvisación”, dice Lansky. “Creo que fueron un par de horas. Se lo dio a Thom, quién recortó una pequeña parte de la secuencia de acordes de “Mild Und Leise” y de la pieza de Art Krieger”. Otro tema, “Pull/Pulk Revolving Doors” de Amnesiac, nació de manera similar, pero en este caso recortaron una canción más convencional – “True Love Waits” – así como el cautivante “Like Spinning Plates” que está basado en una versión abandonada de “I Will”, reproducida en sentido inverso, mientras Thom cantó la melodía de voz, sílaba por sílaba, en reversa – muy al estilo de Twin Peaks.

Varios miembros de la banda concuerdan en que al completar la canción que abre el álbum, “Everything in its Right Place”, todo cayó – valga la redundancia – en su lugar; no resulta difícil entender por qué. La canción es tanto una atractiva carta de presentación como una declaración desafiante acerca del nuevo sonido de la banda, su actitud y modus operandi, con sus ráfagas de piano eléctrico y voces recortadas – gentileza de Thom y Nigel Godrich, el productor e ingeniero. Sobre el escenario, requiere a toda la banda: Philip en la batería, Colin en el bajo y Jonny y Ed capturan en vivo partes de la voz de Thom para jugar con ellas. En el álbum, sin embargo, suena más a Thom solo por la noche, buscando una salida de sus bloqueo de escritor, rodeado no por sus compañeros de banda sino por fragmentos lejanos de su voz y el latido de su máquina de ritmos.

Fue en momentos como este cuando el resto de la banda comenzó a darse cuenta de, en palabras de Ed, “cómo participar en una canción sin tocar una sola nota”. Después de meses de luchar para darse a entender, Yorke finalmente parecía haber convencido al resto de que estaban yendo en la dirección correcta, y que sería un desacierto no aprovechar la tecnología que tenían a su disposición. “Las permutaciones son infinitas”, dijo Ed, “completa e increíblemente infinitas”.

La apertura de Radiohead al mundo exterior resultó en más avances ; en Noviembre, una sección de vientos de 8 miembros llegó al estudio para dar todo de sí en “The National Anthem”, una canción hipnótica y repetitiva que había estado dando vueltas por un tiempo: Thom compuso la linea de bajo cuando era adolescente, y la banda intentó grabarlo por primera vez durante The Bends, cinco años atrás. Lo volvieron a intentar en 1997 cuando trabajaban en los lados B de Karma Police pero eventualmente decidieron que era muy bueno como para desperdiciarlo en un lado B.

“No querían músicos de sesión comunes, porque creían que lo más importante era la respuesta intuitiva a la canción”, decía Mark Lockheart. “Dijeron que era la primera vez que tocaban con músicos de verdad y eso fue muy halagador y nos hizo sentir muy cómodos”. Además del riff barítono, la banda no tenía nada específicamente planeado para los músicos – solo querían que de a poco se “vayan enloqueciendo”, dice Lockheart. “Creo que Jonny mencionó que lo veían como algo ruidoso y salvaje, como algo de Charles Mingus. Nigel Godrich también fue bastante proactivo, en relación algunas texturas que estábamos logrando”.

Radiohead había mencionado en el pasado que la gloriosa cacofonía de Bitches Brew de Miles Davis sirvió como influencia en OK Computer y que esto se convirtió en una piedra fundamental importante. “No somos músicos habilidosos”, le dijo Jonny Greenwood a la revista Mondosonoro en 2001. “Lo que nos llevamos de estos álbumes son cosas que probablemente otros pasaron por alto”. En el caso de Mingus, fue “el caos, que es fantástico”.

“The National Anthem” es una de las tantas canciones de las sesiones de Kid A/Amnesiac donde Jonny Greenwood toca el Ondes Martenot, un instrumento electrónico antiguo capaz de producir un sonido atrapante, similar al theremín, que por ejemplo se puede escuchar en la canción de Star Trek y en la Sinfonia de Turangalila y en Cuartetos para el Final de los Tiempos, trabajos para orquesta de Olivier Messiaen. Otra de sus contribuciones importantes fue la partitura de las partes en “How to Disappear Completely”, “Pyramid Song” y “Dollars and Cents”, una canción atmosférica, estilo krautrock. En Enero, mientras la banda continuaba sus experimentos electrónicos, Jonny trabajó en sus arreglos en otro sector del cuartel general de Radiohead. Un par de semanas después, la banda pasó un “un día genial”, de acuerdo con Ed, trabajando con John Lubbock y la Orquesta de St. John en Dorchester Abbey, un lugar “con la acústica más asombrosa … creo que Nigel no podía creerlo”. La respuesta de la orquesta al trabajo de Greenwood fue tan agradable como el día. En el pasado, sus ideas de traer un grupo de violinistas para generar ruido blanco – como las que usa el compositor Krzysztof Penderecki – fueron objeto de muecas de risa y burlas; esta vez, los músicos estaban mucho más abiertos y preparados.

Era el empujón que necesitaba la banda, ya que aunque estaban avanzando y terminando canciones, el avance era lento. En Noviembre, Nigel Godrich se llevó algunas canciones para comenzar a mezclarlas, pero solo una (“Kid A”, un tema apoyado en secuenciadores y con voces procesadas), sonaba bien. Otras, como “Cuttooth” y “Optimistic”, todavía no sonaban bien a pesar de semanas de trabajo. “Knives Out”, una canción que la banda estrenó durante un webcast para fans antes de Navidad, tomó 373 días para terminarse, a pesar de ser la canción más directa que la banda compuso en los últimos años. Todo comenzó a ordenarse en Enero 2000, cuando la banda se enfocó en pulir el montón de temas que tenían a medias. Durante este proceso, se dieron cuenta de que mucho de lo que habían grabado el invierno anterior era mucho mejor de lo que pensaron en ese momento (la versión de “In Limbo” en Kid A, por ejemplo, fue grabado en su mayoría en las primeras sesiones en París, mientras que “Morning Bell” y “Dollars and Cents” fueron grabadas en Copenhague). De repente, el 20 de Marzo, tuvieron una revelación: “aquí hay una linea”, escribió Ed en su bitácora, “y arriba de ella están los temas ya terminados pero no mezclados y abajo los que están casi completos. Por primera vez, la lista de arriba y la de abajo tienen casi la misma cantidad de temas”.

Radiohead teminó la grabación en Abril de 2000, quince meses después de aquellas sesiones preliminares en París. Prudentemente, ahora trabajaban con una fecha límite impuesta por ellos mismo, después de haber organizado una gira por Europa durante la cual iban a estrenar una docena de canciones. De hecho, tenían cerca de 30 canciones nuevas – suficientes, como fue evidente, para dos álbumes y un montón de lados B experimentales. Desde afuera, uno podía pensar que ya estaba todo listo, pero el “momento más duro” según el diario de Ed, llegó con la primavera, un momento “lleno de ensayos, discusiones y peleas físicas”. En Febrero, la banda estuvo cerca de disolverse sencillamente por tomar la decisión de lanzar todo el material junto o solo un álbum de 10 temas. Una vez que se tomó la decisión de ir por la segunda opción, se libró otra batalla por elegir esos diez temas. “Cosas malas suceden”, escribió vagamente Ed un día en su bitácora. (Al día siguiente, había “cabezas doloridas por todas partes, pero estamos avanzando, creo”).

La decisión de salir de gira, y a raíz de eso, cómo tocar las nuevas canciones en vivo, causó más dolores de cabeza; aun así, la gira fue muy exitosa, y la disfrutaron más de lo que esperaban. Las nuevas canciones gustaron mucho, tanto en tiempo real como en los subsiguientes días, cuando los fans subieron grabaciones pirata a Internet. Para la segunda semana de la gira, la banda estaba sorprendida de que la mitad de la audiencia conocía las letras de los temas.

En Julio, Radiohead anunció formalmente el título y la lista de temas de su nuevo álbum, Kid A; el nivel de ansiedad fue tal que los primeros indicios de decepción se hicieron notar antes de que la gente escuchara una sola nota. Con el pasar de la gira, la discusión e intercambio de nuevos temas entre fans y periodistas se centró en temas como “Pyramid Song”, “You and Whose Army?” (con su mezcla de jazz de los 40 con rock de los 60) y la ligera “Knives Out”, influenciada por The Smiths. Resultó que ninguna de ellas fue incluida en Kid A, pero todos los tracks más neuróticos e inseguros como “In Limbo” y “Morning Bell” … y “Kid A” también… seguro debe haber un error.

Para atenuar las expectativas, Radiohead decidió no lanzar singles o videos; en lugar de eso, repartieron una serie de blips – animaciones cortas de montañas cubiertas de nieve y criaturas monstruosas con fragmentos cortos y enigmáticos de música. Sin embargo, los detallados planes para el álbum fueron puestos en jaque cuando se filtró a través de Napster y las altas expectativas de los impacientes fans con conexiones dial-up comenzaron a desplomarse a medida que descargaban fragmentos en baja calidad de canciones que debían ser escuchadas como un todo – basta imaginar aquellos que esperaban impacientes la descarga de “Treefingers” y más que encontrarse con una nueva reinvención del rock se encontraron con un paisaje sonoro al estilo de Briano Eno, construido con muestras ralentizadas de la guitarra de Ed.

La crítica se mostraba igualmente insegura sobre el álbum – en algunos casos llegó hasta el punto de mostrar furia contra lo que consideraban una traición y un “suicidio comercial”, como fue el caso del novelista Nick Hornby, que ignoró Kid A por considerarlo música para gente de dieciseis años en una reseña para The New Yorker. La crítica más común al disco – y también el mito más popular sobre él – era que no había guitarras en las canciones. En realidad, las guitarras estaban por todas partes; desde los acordes acústicos que sostienen el elegíaco “How To Disappear Completely”, inspirado por Scott Walker, hasta el swamp blues (*) de “Optimistic” y los riffs que parecen tropezar consigo mismos en “In Limbo”. Simplemente no hay arpegios delicados ni solos épicos.

Al final, no importaba lo que pensaban los críticos. En Octubre, el “difícil” cuarto álbum de Radiohead se catapultó al primer puesto del ranking en el Reino Unido, en una demostración de que los fans estaban más que dispuestos a seguir a Radiohead en su nueva dirección. Para mayor sorpresa, el álbum también alcanzó el primer lugar en los rankings de Estados Unidos, lo que convirtió a este álbum en el mayor éxito de Radiohead en el país. “Fuimos los Beatles – por una semana”, dijo Thom Yorke, La banda, victoriosa, se presentó en el Roseland Ballroom de New York el día después del logro en los charts e invitó a los músicos que habían grabado “The National Anthem” para tocar con ellos el tema.

“Creo que el éxito sorprendió a todos”, dice Mark Lockheart, aunque él mismo no estaba muy sorprendido de que los críticos americanos consideren el álbum como un clásico moderno. “Inclusive durante la grabación, los sonidos que Nigel Godrich puso en la canción y los otros fragmentos que escuchamos sonaban fantásticos y radicalmente diferentes. El mundo sonoro [de Kid A], junto con las ideas radicales y el minimalismo lo hacen sonar atemporal todavía, y libre de cualquier clasificación de género”, concuerda Paul Lansky, quién describe el álbum como “único y maravilloso”. Y realmente lo es, desde la sensación de amenaza de “Kid A” a la mini épica “Motion Picture Soundtrack”, con sus arpas al estilo Disney contrastando con el fúnebre armonio. “How To Disappear Completely” se eleva, “In Limbo” es gloriosamente desorientador e “Idioteque” es una de las canciones más contagiosas.

Con el paso del tiempo, muchos de los que consideraron que Kid A fue un acto de desobediencia consciente tuvieron que retractarse. Para algunos, el álbum tuvo más sentido en Junio de 2001, cuando apareció su sucesor, Amnesiac. El quinto álbum de la banda tenía once canciones más, grabadas en las mismas, entre ellas las majestuosas “Pyramid Song” y “Dollars and Cents”, las más tradicionales y basadas en guitarras “Knives Out” y “I Might Be Wrong”, y más experimentos electrónicos como “Like Spinning Plates” y “Packt Like Sardines in a Crushd Tin Box”. Ocho canciones más aparecieron como lados B; entre ellas estaba “Cuttooth”, un guiño a Neu, y una versión extendida de “Life in a Glass House”, con la presencia del trompetista Humphrey Littleton y su banda. Muchas otras, como “Kinetic” y “The Amazing Sounds of Orgy”, sirven como muestra del sonido rico en ritmos del octavo álbum de la banda, The King of Limbs.

Es evidente por qué algunos – incluyendo al menos dos miembros de la banda – sintieron que Radiohead estaba guardando su mejor material cuando lanzaron Kid A, pero también es claro que intentar poner todos los temas de Amnesiac en un álbum doble no hubiera tenido el mismo efecto. Por ejemplo, las cuerdas espectrales y las ricas imágenes de “Pyramid Song” (Yorke se inspiró luego de una visita a una muestra de arte egipcio durante las sesiones en Copenhague) la convierten en uno de los mejores trabajos de la banda, que no hubiera encajado muy bien entre “Optimistic” y “In Limbo”.

Los dos álbumes transmiten estados de ánimo muy diferentes, partiendo desde el mismo arte de tapa: Thom le comentó a The Big Issue que Kid A es sobre “mirar un incendio desde lejos” y Amnesiac es “el sonido de cómo se siente estar en el mismo fuego”. El primero es distante pero envolvente; el segundo es más atrevido pero menos coherente, a pesar de contar con un número de canciones sobre ríos y agua. Kid A solo supera a su olvidadizo hermano en la unidad de su sonido y perspectiva. “Kid A tiene la misma idea en su base”, explicó Jonny en 2001. Para fines de 2000, muchos lo consideraron el mejor álbum de la década – tan influyente como OK Computer – un trabajo de genialidad mental real.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.